Por: Sergio Oropeza
Siempre fui retraído, distante y alejado de las personas
desde el primer recuerdo que poseo, alejado lo más posible del contacto humano
siempre he creído pertenecer a otra época, a otro espacio temporal en donde
sería bien aceptado, donde buscaría a la gente, pero aquí, pero hoy, no soy
parte de este mundo.
Siempre me preparé para enfrentar la soledad, desde el
primer momento en el que la sentí me di cuenta que quizás sería mi destino el
vivir con ella. Fui criado por mis dos padres aunque siempre estuvieron
distantes a mí, siempre alejado y mirando siempre por encima de mi pequeña y
joven cabeza, incapaz de comprender sus acciones me fui alejando.
Comencé a estudiar la universidad y ahí le conocí; Aroor
Grimal, era su nombre…, “era”, cuantas cosas se pueden narrar en una sola
palabra, la unión en este caso de sólo tres letras pero implica mucho, era. Sin
embargo, las palabras no alcanzan a describir, ni siquiera me sirven para
desahogar los horrores que he visto, que he vivido y que viví a su lado.
Conocí a Aroor Grimmal como colega de carrera, era alto,
delgado más allá de lo lógico, con el cabello rojo como si fuera el mismo cielo
quemado por batallas antiguas de dioses inmisericordiosos, no era un pelirrojo
normal el que él tenía, era un rojo desgarrador a la vista que en conjunto con
un par de ojos negros inexpresivos sumidos en las cavidades craneales daba la
impresión de estar viendo a un muerto con el pelo encendido. Al menos eso
pareció para mí la primera vez que lo vi. Después me di cuenta que sólo era mi
triste ilusión de querer ver algo lógico, algo humanizable en aquel despojo de
ser.
Comencé mi relación con él un día que caminando por los
pasillos de la universidad lo encontré mirando un anuncio de personas que se
escondían bajo el disfraz de revolucionarios y sólo eran alborotadores, yo
odiaba a esas personas porque siempre he sido incapaz de comprenderlas, pero
él, ese día miraba el cartel como si le dijera más cosas, como si un simple cartel
le revelara toda la esencia de aquellos que había plasmado sus ideas ahí. Fue
entonces cuando me di cuenta que esos ojos sumidos veían más allá de las
simples letras escritas sobre el papel. Los ojos de Aroor Grimmal - que hasta
el día de hoy me persiguen en mi sueños más terribles – Eran capaces de ver las
ideas más profundas escritas y disfrazadas bajo simples trazos. Esos ojos
impíos tenían la falta de todo contacto con el entorno, poseían la simpleza de
sólo entender lo que él quería y alejarse de todo lo demás carente de sentido.
Fue ahí cuando me identifique con él, fue en ese momento cuando supe que él
sentía la misma repulsión, el mismo alejamiento y la misma apatía social que
sentí desde el primer dejo de consciencia en mí. Supe que Aroor Grimmal sería
mi amigo.
Y así fue, comencé a llamarlo a lo lejos, comencé a tratarlo
y se convirtió en un amigo íntimo por el cual nunca pude dejar de sentir
recelo, sin embargo, era mi relación más cercana, no poseía otra persona con la
cual hablar como lo hacía con él, desde las primeras palabras que cruzaron mi
boca dirigidas a él, noté que me entendía más que nadie, no temió jamás nada de
lo que dije y siempre tuve la confianza de hablar mis pensamientos más secretos
con él. Pero lo que en verdad marcaba la gran diferencia, era escribir a su
lado, pronto me di cuenta de que teníamos la fascinación compartida de intentar
averiguar a qué época pertenecíamos realmente y comenzaron a coincidir nuestras
creencias acerca del tiempo y el espacio. Acerca de todo aquello a lo que en
verdad pertenecíamos que se encontraba atrapado en otro tiempo, en otro lugar o
quizás en otra dimensión.
Extrañando como lo hacíamos un verdadero lugar al que
pudiéramos llamar hogar comenzamos a crearlo en nuestro escritos y narraciones,
lo que en verdad hacía especial mi relación con él eran esos sitios, creados y
plasmados en papel, en grabaciones, incluso plasmados solamente en el vago
recuerdo que se impregnaba en la oscura pared del aquel cuarto escondido en
donde solo nos centrábamos en crear.
Pero llegó un momento en el que comenzó a alejarse aun más
de esta realidad, todo comenzó el día que al despertar de un sueño me dijo con
voz agitada y exaltado, que había descubierto el verdadero origen de su ser, yo
creí esta exaltación se debía sólo a un imaginativo sueño pero después con
tristeza y cierta desconfianza me di cuenta que no era así.
Aroor comenzó a creer que era parte algo que él llamaba,
“la maquinaria angular de la vida” y decía que nadie era digno de siquiera
saber de que trataba esto, molesto e indignado pues era la primera vez que
guardaba un secreto de mí, lo dejé que continuará soñando con los ojos
abiertos, hasta que un ruido demasiado fuerte provocó que alarmado yo regresara
y lo observara en el piso con la boca un poco abierta y vomitando sangre. Después
de brindarle los primeros auxilios me dijo que por fin sabía cómo regresar a su
tierra, como regresar a su origen.
No le di importancia pero después de aquél acontecimiento comenzaron
a ocurrir cosas muy extrañas. Por las noches de luna llena, el rostro de Aroor
tomaba un color rojizo como su cabello, sin embargo, su cabello se fue tornando
blanco y cada vez se veía encorvarse más a mi confidente y amigo.
Paradojicamente el blanco de su cabellos y la palidez de su rostro solamente
auguran los terribles orígenes de aquel ser.
Lo noté el día que alumbrado totalmente por la luz de la
luna y mientras se sumergía en lo que parecían los sueños más horribles, percibí
un terrible hedor que emanaba de su respiración, con cada una de sus
exalaciones se hacía más y más fuerte ese terrible hedor. Lleno de nauseas salí
del cuarto para tomar aire fresco, al salir, por un momento me sentí totalmente
alejado del mundo real, observé colores que jamás creí que existieran y perdido
no pude más y me sentí desvanecer de alguna forma. Sentí una sensación perversa
en mi espalda, algo me sostenía y no me dejaba caer, giré mi vista sólo para
observar un terrible sonrisa de un ser totalmente blanco, su largo hocico
dejaba caer un hilo blanco de saliva mientras sus profundos ojos negros que
parecían no tener fin, me observaban fijamente, sentí terror, sentí miedo infinito,
cerré los ojos y al abrirlos ahí estaba Aroor sosteniéndome a mitad del pasillo.
Sonrió mientras observaba los dejos de terror que habían quedado en mí y sólo
se fue murmurando cosas que no pude (o quise) entender.
Después de eso todo cambió con él, se volvió aún más
distante e incluso yo me convertí en un extraño para él, me decía que ahora
veía todo con claridad y lo que antes eran largas charlas acerca de nuestro
verdadero origen se convirtieron en pequeñas frases que sólo murmuraba cuando le preguntaba algo,
escuchaba sólo un “orden de las cosas inalterable” y esa respuesta, esa frase,
siempre estuvo presente cada que lo veía.
Desapareció mucho tiempo, no lo veía y no compartía más con
él, se alejó totalmente y se perdió por completo, los rumores decían muchas
cosas. Hablaban de verlo deambulando por las noches y sólo era reconocible por
esa altura que sólo él poseía, pero ya no era posible verlo de cerca, su
contacto con las personas cada vez era menor, intenté dejar atrás todo lo
relacionado a él y a la amistad que mantuvimos, pero, por las noches percibía
cerca de mí mientras caía en los más profundos sueños, un terrible hedor que guiaba
mi mente a zonas extrañas que me llenaban de repulsión, grandes y oscuros
edificios donde no veía el final de las paredes que me mantenían encerrado, ahí
permanecía gracias al hedor que se adueñaba de mi mente y me llevaba.
Un día mientras yo imaginaba a que oscuro lugar podrían
pertenecer esas visiones, llegó Aroor, con el cabello casi totalmente cubierto
de blanco ahora, no parecía el mismo, su mirada se había hecho incluso más
distante y todo en él se había vuelto distinto, o quizás yo era el que ahora no
filtraba aquellos rasgos que lo hacían inhumano. Me miró sonrió y me dijo que
tenía que prepararme para que entendiera de que se trataba su comportamiento,
me prometió que después de esa preparación estaría listo para saber de donde veníamos
y porque nunca nos sentimos parte de este mundo, en realidad, decía él, éramos
parte de algo más grande. Algo más poderoso y antiguo que aún no estaba listo
para entender, pero que pronto lo podría asimilar.
Asombrado por de nuevo intercambiar palabras con él, no
quise preguntar más, su mirada, su tono al hablar e incluso su forma de moverse
me decían que me alejara, que corriera, pero no lo hice, quizás la esperanza de
saber porque siempre me sentí alejado de este mundo me hizo permanecer ahí,
algo de lo que me arrepiento, pues sin recordar en qué momento me quedé
dormido, comencé a observar que mi entorno cambiaba como en mis profundos
sueños, empecé de nuevo a verme encerrado entre grandes murallas, inalcanzables
e indestructibles edificaciones me mantenían encerrado.
Fue en ese momento cuando pude verlo acercarse a mí desde las sombras, Aroor
caminaba a mi encuentro, dentro del sueño, pero se movía de forma aún más diferente a la habitual, acechante... me causaba pánico el sólo observarlo, intenté correr para que no se acercara
a mí, di la vuelta (o eso intenté) y sentí un frío cuerpo, lo miré y me di cuenta que
se trataba de una persona, sosteniéndome, frío y con la mirada perdida me
sostuvo con fuerza, grité y sentí una presión aún mayor sobre mí, sus manos
presionaban su cuerpo y la boca emanaba sonidos incomprensibles, gritos de dolor,
agonía, no lo sé, nunca sabré que eran. En mi desesperación giré mi cabeza sólo
para ver que estaba rodeado de “personas” así, todas pálidas, con los ojos
perdidos y sumidos en la desesperación mientras gritaban quejidos que nunca
podré descifrar. Muertos, en vida, en los sueños, no lo supe.
Forcejeando logré alejarme de todos esos despojos de hombre excepto por uno que logró tomarme con fuerza, con sus frías y deformes manos giró mi rostro y me gritó por ayuda. Antes de poder razonar lo que pasaba percibí el horrible hedor que ahora sabía pertenecía a Aroor, venía de las sombras, se dirigía a mí.
De entre las interminables sombras causadas por las gigantes murallas en mi sueño, emergió Aroor y me di cuenta que la oscuridad había sido piadosa pues había ocultado horrores que destrozaron mi mente desde ese instante. Lo miré caminar directo a donde me encontraba, enorme y dando pasos amenazantes con lo que logré distinguir como pies cánidos, sus delgados brazos albergaban terribles garras en las puntas, me miraba con horribles ojos hundidos y profundamente negros que ahora miraban con furia y lleno de una especie de pelaje erizado blanco que lo hacía aún más bestial. Se acercó y tomó al pobre despojo de ser que me sostenía, lo levantó y me miró mientras comenzó a devorar su pecho. Me quedé inmóvil mientras me salpicaban aquellos restos que no podía contener esa bestia entre sus dientes, mientras escuchaba los lamentos de aquel pobre desdichado, mientras ese ser rasgaba carne y devoraba el alma del pobre hombre, ese ser era maldad pura más antigua de lo que yo podía imaginar, ese ser había dejado su humanidad atrás (si es que tuvo alguna) ese ser era mi antiguo amigo Aroor. Lleno de miedo me sentía de nuevo caer al infinito abismo de la inconsciencia, sentí alivio porque creí que no sería consiente de lo ocurriría conmigo, sentí que pasara lo que pasara, no lo sabría y eso por un instante me hizo feliz.
De entre las interminables sombras causadas por las gigantes murallas en mi sueño, emergió Aroor y me di cuenta que la oscuridad había sido piadosa pues había ocultado horrores que destrozaron mi mente desde ese instante. Lo miré caminar directo a donde me encontraba, enorme y dando pasos amenazantes con lo que logré distinguir como pies cánidos, sus delgados brazos albergaban terribles garras en las puntas, me miraba con horribles ojos hundidos y profundamente negros que ahora miraban con furia y lleno de una especie de pelaje erizado blanco que lo hacía aún más bestial. Se acercó y tomó al pobre despojo de ser que me sostenía, lo levantó y me miró mientras comenzó a devorar su pecho. Me quedé inmóvil mientras me salpicaban aquellos restos que no podía contener esa bestia entre sus dientes, mientras escuchaba los lamentos de aquel pobre desdichado, mientras ese ser rasgaba carne y devoraba el alma del pobre hombre, ese ser era maldad pura más antigua de lo que yo podía imaginar, ese ser había dejado su humanidad atrás (si es que tuvo alguna) ese ser era mi antiguo amigo Aroor. Lleno de miedo me sentía de nuevo caer al infinito abismo de la inconsciencia, sentí alivio porque creí que no sería consiente de lo ocurriría conmigo, sentí que pasara lo que pasara, no lo sabría y eso por un instante me hizo feliz.
Pero desperté en medio del cuarto en el que dormía, Aroor me
miraba fijamente con esos malditos ojos negros, yo y él teniamos el cuerpo y la cara
manchados de sangre y cuando observé detenidamente a aquel ser que alguna vez
llamé “amigo” sonrió y me dijo:
“Ahora estás listo para entender tu lugar en mi vida”
mientras gotas de saliva y sangre resbalaban por aquello que ahora parecía un
hocico.