viernes, 12 de abril de 2013

Te condené


 Por: Sergio Oropeza



¡Por fin a tu lado! finalmente logré estar contigo y mi mundo se consumía en una plenitud que yo creía unicamente existía en la ficción, cada día, cada momento me dedicaba unicamente a brindarte mi amor, tantas veces sin que supieras agradecía a Dios por lo nuestro, siempre agradecí porque estabas conmigo.

Más que sólo en físico, estabas conmigo en tu mente y era dueño de tus deseos, de tu pensar, de ti. Lo sabía cada que te miraba y notaba la tierna sonrisa que reflejabas mientras me perdía en tus ojos, tu timida caricia que poco a poco me brindabas y sin controlar lográbamos llevar aún más allá. Siempre te elegía y tú a mi nos volvimos compañeros de alma y deseabamos viajar por otros mundos juntos, siempre.

¡Y lo logramos! ¡Vaya que sí lo logramos! viajamos juntos en momentos tan llenos de algo idílico que las personas no conocen ni en sus mejores sueños, ambos, nos veiamos más allá de esta tierra, te observaba flotar en dimensiones ajenas al mundo mientras tu cuerpo convulsionaba junto al mío y los dos, agotados, regresabamos a la realidad para sellar los mil pactos que hicimos mientras viajabamos por las estrellas.

Y aún así, todo se perdió. Un día simplemente no te encontré al despertar, estabas lejos y supuse que alguna urgencia habría de provocar tu retiro, una llamada, un mensaje. En estas situaciones uno mismo siempre piensa lo mejor para no tener que enfrentarse a la desesperanza, pensé que estarías con tu madre, en tu trabajo, miles de lugares pasaron por mi mente mientras salía corriendo a buscar aquel hermoso rostro dueño de mis deseos, de mis pasiones. Pretendía encontrar tu ser y encontrarme de nuevo yo, pues solamente podia existir a tu lado.

Te vi, ibas caminando, tan tranquila, rodeada de tus siempre serviles amigas, aquellas mujeres que no me dejaron acercarme a ti, tú sólo me observaste, nada pareció inmutarte, las lágrimas, las palabras te dieron igual, diste media vuelta y te fuiste.

Ahí me quedé, observándote, decidido a no volver a recibir esa mirada de desprecio, aquella pupila que tanto provocó en mi, ahora sólo me daba un sentimiento de odio, el simple recordar la forma en la que me miraste, provocaba sensaciones que creí jamás podría tener por ti.


Te miraba, siempre alejada y decidida a ignorarme, dueña de esa ignominosa mirada jamás dirigida hacía mi, pasaba el tiempo y los días mientras tú seguías en la cotidianidad de la vida, pasando de largo cada vez que estaba a tu lado, siempre ignorándome, siempre fría.

¡Tantas veces me imaginé de nuevo a tu lado! tantas veces supe que eras para mi, siempre encontrando la excusa perfecta para amarte desde donde fuera, quise otorgarte mis mejores cualidades a ti, solamente a ti, dueña de mi vida, dueña de mis pensamientos. Te odiaba, te amaba, pero no podía estar sin ti.

Te imaginaba otra vez llena del amor que vibraba en mi pecho al verte, te imaginaba entres mis brazos mientras los besos que recorrían tu hermoso rostro te hacían enloquecer debido al cariño, a la ternura. Te llamaba en mis sueños, siempre tu nombre perfecto lleno de significados. Dulces letras forman tu esencia,  esencia por la cual grandes personajes en la historia han matado, han enloquecido y han desfallecido. Así como yo lo haría por ti en cualquier instante; mis sueños, impregnados de tu voz, tomaron toda mi cordura y mi capacidad de dormir, vivía en ellos y a través de ellos sentía amor, lástima que eran sueños. Tenía que despertar

Y te veía, dueña de mi realidad, arrebatándome mis ilusiones mientras con tus hermosos ojos tomabas cada fragmento de mi ser consiente y lo despedazabas involuntariamente, cada día ver tus pupilas clavadas en las trivialidades del mundo me enamoraban, te veía mirar con curiosidad infinita, el mundo. Los autos, las aves, las personas. Todo era para tu atención excepto yo.

Un día te llamé por tu precioso nombre, en mi fantástico mundo donde siempre estamos juntos, tú respondías y me llamabas por mi nombre mientras descubrías el intenso amor que tengo por ti, en vez de eso. Descubrí tu fría mirada capaz de congelar incluso el alma más amorosa, me heló la sangre, lastimó mi mente.

Te condené en ese momento, me di cuenta que eras incapaz de sentir algo más que no fuera amor propio, un amor propio enfermizo que sólo sirve para cegarte del mundo que te rodea, me di cuenta que aquello que yo llamaba curiosidad infinita es solamente una despreciable lástima que sientes por los demás, por no ser perfectos, por no ser tú. ¡¡Mierda!! que persona puede ver así a los demás, tus oídos cerrados excepto para tu propia voz, aquella venenosa voz capaz de devorar el pensamiento de los hombres, horrible rostro, horrible ser humano dentro y fuera, sólo vives para ti misma, sólo te amas a ti misma, te condené y te condeno a una vida vacía, te condeno a un existir incompleto.

Así es y así será, ahora que te tengo, aqui en la soledad de este cuarto donde tantas veces nos amamos, donde iniciábamos viajes personales en donde nos entregamos y comprometimos a tantas cosas que ahora has olvidado; Aquí, te condeno a vivir sin ojos, para que nadie más se pierda en tu mirada, para que nunca más alguién se pierda en tan lindos ojos que tenías, sí tenías pues ahora me pertenecen.

Te condeno a vivir apartada del mundo, sin ojos, orejas, ni boca. Pues nunca pudiste ver, escuchar o corresponder mi amor, pero antes de apartarte por completo del mundo, antes de otorgarte el castigo del cual eres digna contesta una sola pregunta amor mío, una única pregunta.

-¿Por qué decidiste abandonarme y dejar atrás todas las promesas que hicimos juntos, todos los viajes, los momentos y la alegría que compartíamos?-

Tu respuesta termina por quebrar mi mundo y me deja paralizado mientras un escalofrío recorre todo mi cuerpo -No te recuerdo, no sé de que me hablas- y entonces dos preguntas de nuevo invaden mi cabeza.

¿Qué hago con estos lindos ojos que tengo en la mano? y ¿Acaso todo había sido un sueño?

viernes, 5 de abril de 2013

La masacre desde la oscuridad

Cuentan y dicen que hace años, mientras las personas comenzamos a ser consientes de los alrededores y conquistábamos impunemente los rincones del mundo, fuerzas ancestrales se apoderaban de pequeños espacios no explorados, tomaron estos espacios para ser suyos y mediante una antigua alianza perdonaron al hombre y le permitieron crecer y esparcir su nombre y su raza por todos los rincones de la tierra. Celosos y vigilantes, observaron mientras el hombre transformaba su entorno y devoraba la forma y la naturaleza propia de la vida. Cambiaron su estructura y el hombre jamás notó la sombra amenazante que se cernía sobre él

Antes, cuando el hombre era sabio y respetaba las fuerzas superiores, les rendía culto y les temía, pero el hombre pecó de vanidad y en su afán de conocer el mundo olvidó los verdaderos seres a los que debía temer, encerró en un lugar los secretos y siguió con su vida.

Así lo hizo y así vive su vida indiferente a los seres que le observan con envidia, no sabe que lo observan, que lo devoran ojos envidiosos. En su estructura el hombre guarda esperanza y eso le permite existir en el mundo; Seres antiguos y más sabios no conocen formas de existir en este mundo y se han recluido, esperando, aguardando el momento de salir…, el momento de recuperar lo que por derecho, era suyo.

Esto contaban aquellas personas de edad avanzada mientras caminaba por el pueblo, de paso lento e inseguro, parecían  rezar ciertas palabras al avanzar. Era la primera feria a la que asistía de este tipo, feria digna de cualquier amante de la diversión, era la feria de día de muertos, las personas amantes del buen comer y del placer de la comida se dedicaba a entregarse a los placeres de la comida, el pueblo, no vale la pena que lo mencione, no existe más y no creo que alguien en su amor a su vida propia decida visitarlo, si es que me he animado a contar lo sucedido es porque es mi intención desanimar a cualquiera de visitar lugares que no deberíamos de frecuentar, está decidido en textos inmemorables que el hombre no debe viajar por extraños lugares de la tierra.

Era la primera ocasión que la feria se alejaba tanto del pueblo, nos encontrábamos a unos cuantos kilómetros de lejanía alcanzábamos a ver las luces prendidas del pueblo y más a la distancia la imponente ciudad levantándose sobre el horizonte, mis tres amigos y yo sólo queríamos un lugar en donde descansar después de viajar tanto, llegamos y entregados a las necesidades básicas decidimos entregarnos a la gula y acudimos a la feria a consumir los alimentos.

Llena de mascaras y de personajes raros que imitaban a la muerte y se mofaban de ella, la feria parecía no tener fin y adentrarse más allá de lo que a simple vista parecía seguro. Decidimos permanecer en un lugar neutral para estar a salvo y no dejar simplemente de lado, observamos las costumbres y decidimos formar parte de ellas. Rezamos bebimos y comimos hasta el momento del espectáculo principal, un mago de calidad principiante que se dedicaría a realizar un evento en donde nos llevaría a los límites de la vida y la muerte.
Así fue, poco tiempo pasó antes de quedar devastados ante el miserable espectáculo ofrecido, realizamos unas cuantas burlas y nos preparábamos para regresar al pueblo y dormir, fue nuestra sorpresa ver que nos encontrábamos solos en ese lugar para ese momento y sin llegar a más conclusiones creímos que debía ser el hecho de que se había hecho tarde mientras disfrutábamos el espectáculo, al partir lo último que escuchamos decir a aquel que permanecía inmóvil sobre el escenario fue un par de palabras sin sentido, luego sin más desapareció.

En nuestro regreso al pueblo no encontramos a nadie, ni en el camino o en el lugar en el que nos hospedamos, decidimos entrar de cualquier manera y permanecer ahí, todo fue así hasta que percibimos aquel terrible hedor. Hedor traído desde las más profundas en innombrables tumbas y fosas comunes donde cientos de cuerpos olvidados se pudren y se corroen mientras los ratones roen y consumen sus restos, hedor digno de castigos infernales. Penetró por los pequeños orificios de la habitación dejándonos incapaces de hacer algo más que no fueran terribles arcadas. Salimos desesperados de la habitación y al llegar a la calle nos encontramos con una imagen que jamás hubiéramos imaginado. Desde el festival provenía una masa gigante amorfa que se arrastraba hacía el pueblo. Aterrados y sin muchas opciones corrimos hacía los vehículos sin saber bien si era verdad o mentira las cosas que acabábamos de ver, arrancamos los coches y -quizás para este momento yo ya había perdido la razón debido a hedor y a la imagen de aquella masa gigante- nos atascamos con algún objeto, bajamos del coche y observamos restos de lo que antes había sido un hombre, desfigurado e incompleto, permanecía bajo la llanta del vehículo. Empujamos el vehículo y logramos retirarlo. Aterrados, regresamos al auto mientras subía percibí que el hedor se hacía más fuerte y observé, por unos momentos quedé paralizado con terrible imagen, pues la masa amorfa vista antes eran en realidad cientos de cuerpos medio devorados, movidos por alguna fuerza inimaginable estos cuerpos sostenían y se aferraban al vehículo. Con la desesperación, el terror y el asco por el hedor decidimos salir e intentar correr, bajamos del vehículos y observé a dos de mis amigos ser despedazados por cientos de manos que los sostenían y desgarraban, oía las risas, los llantos y los lamentos de aquellos quienes momentos antes disfrutaban de la feria, niños, jóvenes y viejos o al menos sus partes, desgarraban y lanzaban los restos de aquellos quienes en vida fueran mis compañeros.

Sentí una mano tomarme de los hombros con fuerza, ante el miedo, el hedor y la horrible imagen que se encontraba frente a mi reaccioné con violencia y sin fijarme di la vuelta y lancé a quien me tomaba contra aquella masa amorfa, hedienta y malévola. No supe más y corrí a donde estaban aquellas luces de la ciudad, a mí salida del pueblo observé a una persona detenida ahí. Sin más me acercaba para intentar prevenirle, decirle algo que lograra salvarlo y con sorpresa observé que era aquél triste presentador del espectáculo de la vida y muerte.

Me miró y dijo “¿te gusta aquella visión de la muerte que te otorgo?, decidieron ellos retirarse a lugares remotos pero cobran con nuestra energía de manera constante a veces esa energía les es insuficiente y han de salir para obtener más, se aprovecharán de cualquiera, de ti, de mi. Este era su mundo y lo reclamarán”
Seguí corriendo mientras lo observaba, conforme avanzaba y él quedaba atrás, parecía que aquella masa amorfa, lo elevaba y lo regocijaba entre todas aquellas pútridas ya extremidades, gritó una vez más “es la muerte, algún día te alcanzará, ese era el pacto” al escuchar esto último corrí con todas mis fuerzas y sin notar dónde, me desvanecí.

Desperté al otro día en medio de la nada, con los pies adoloridos y los músculos cansados, percibía un ligero hedor en mi ropa y sentí de nuevo el profundo pánico que me atacó antes
Caminé a la ciudad y me recuperé de lo acontecido aquella noche. Regresé al poco tiempo intentando buscar vestigios  de aquellos que me habían acompañado, encontré solamente un vehículo destrozado y unos cuantos tablones de lo que parecía haber sido una construcción, o varias.
Ubiqué y seguí el camino a donde se encontraba la feria de ese día, caminé y encontré los vestigios de aquellos que me habían acompañado, pertenencias como un reloj, la cámara fotográfica y aquellas pertenencias que reconocí pero es demasiado grotesco interpretarlas aquí, caminé y encontré algo que me sorprendió.

En los pequeños rastros que quedaban, existía un anillo, de características básicas pero reconocibles para mí, era el mismo anillo que tenía aquella mano que me sujetaba y que recordaba haber lanzado yo a la condenación. Mi sentimiento de culpa fue sustituido rápidamente por algo más, pues aquel anillo permanecía sujeto a lo que parecía ser un trozo de tela, sin embargo esa tela era idéntica a la que vestía. Intenté imaginar cómo era que esto pudiese haber ocurrido cuando sentí de nuevo una mano, fría, pero llena de una sensación familiar y de nuevo reconocí el anillo que había visto recién en la tierra.

Era la mano de aquél compañero que buscaba, lo sentía, lo veía frente a mí, pero yo lo había visto ser despedazado frente a mis ojos, todo se volvió oscuro, el sol dejó de iluminarme, las sombras se apoderaron de mi entorno era estar en este mundo y a la vez no. Existía pero no aquí ni en algún lugar, era la oscuridad, era la parte de este mundo no accesible para los hombres, era la oscuridad y entonces lo vi.

Seres terribles y gigantes, especie de cánidos deformes manipulando una masa informe y hedienta llena de menudencias humanas, cavando colmillos gigantes sobre la misma y desgarrando aquél depósito de carne. Lo desgarraban y con un extraño movimiento y aún más extraños fonemas acercaban lo que parecían ser personas completas y sin ningún daño. Estas quedaban a su merced y eran devoradas y desgarradas frente a mis ojos. Pero estas, comprendí, no eran personas normales, no eran más personas, pues cada vez que una era desgarrada, solo veía un ligero vapor elevarse y ser aspirado por estos seres.

Lleno de horror retrocedí y observé a mi amigo ser llevado ante estos extraños seres, intenté gritar, intente maldecir y todo fue infructífero. Observé su resignado rostro y lo vi gritar mientras su cuerpo era desgarrado por los colmillos de estos seres. Intenté avanzar hacia ellos pero algo me detuvo.

Era el mago de la noche anterior, repitió sus palabras acerca de la muerte, acerca de mí, de él. Comentó ser solamente un espíritu con el privilegio de poder cambiar de planos, entre este y el de aquellos que devoran a los hombres al morir, su función era llevarles comida cuando la ración natural que les era proporcionada por antiguos acuerdos les era insuficiente, me tomó la cara y levantó la vista, ahí estaba yo, siendo devorado y destrozado por aquellos seres monstruosos, mi cuerpo, ahora inexistente recién había sido alimento de seres inimaginables, era hora de concluir mi tarea. Con un extraño ademán y pronunciando fonemas lejanos a las cualidades humanas, me acercaron en contra de mi voluntad a ellos, ahí, siendo dirigid, frente a ellos; sentí miedo y decidí una última opción,  tomé a aquél desafortunado personaje de los brazos y lo lancé directamente a las fauces de aquellos seres. Mientras lo devoraban fui capaz de alejarme y corrí de nuevo.

Consciente de mi nueva situación me di cuenta que sólo era un espíritu errante, todas las creencias previas eran falsas ¿para qué viene el hombre al mundo? Solamente llegar a morir y ser alimento de seres más grandes que él, yo no lo fui, no los alimenté, pero estoy perdido, sin cuerpo, a medio vivir en el mundo nadie me ve ni me percibe; estoy sólo y recuerdo los gritos el hedor y no pasa noche alguna sin que perciba el terrible aroma y las palabras indescriptibles de aquellos seres horribles que un día les faltó alimento y trajeron la masacre desde la oscuridad.