domingo, 27 de mayo de 2012

Realidades



 Por: Sergio Oropeza



Hoy decides comprobar que no hay un dios, que no existe, que jamás ha dejado nada por los hombres y no ha dado nada para salvarlos. Irás a contemplar el dolor en su más pura esencia, tendrás cerca de ti las peores situaciones conocidas por los hombres y tu sólo crees que es una exageración todo lo que te han dicho de ese lugar, te das valor, el suficiente y el necesario para salir de casa, te levantas del sillón tomas rápidamente tus llaves y sales corriendo azotando la puerta.


Llegas con aquellos que son tus compañeros, sus caras sonrientes, sus bromas todo te parece tan normal y lo es. Sin duda alguna comienzas a relajarte recuerdas lo que dijo aquel maestro acerca de la experiencia y de que podría ser traumático pero no te preocupas y comienzas a olvidarlo, olvidas la advertencia y abordas el camión con tus compañeros mientras ries.


Llegas y lees en la entrada un letrero grande que anuncia o advierte, no logras distinguir muy bien cuál de las dos pero lo observas y ves desgastado y mal pintado con unas letras que apenas se distinguen “Hospital Psiquiátrico” abajo se lee el nombre del fundador pero está tan gastado que ya ni siquiera vale la pena intentar leerlo.


Entras entre tus compañeros que aun hablan ahora con la voz un poco más baja, siguen caminando todos guiados por su maestro el cual a la vez es guiado por un guardia. Mientras el grupo en el que va más avanza puedes notar como las sonrisas y los comentarios que hicieron al llegar van disminuyendo mientras el ambiente se hace más tenso, así continua incrementándose pues mientras avanzan los ruidos de los gritos son más claros y más distinguibles.


Llegan a la zona del pasillo de la seguridad, un pasillo designado para que nadie pueda pasar sin la autorización necesaria y esto no es solamente para evitar que se escapen  los pacientes en algún descuido, “también está para salvaguardar la integridad de los que vienen” dice el guardia. No entiendes a que se refería pero siguen avanzando guiado siempre por un guardia y detrás de él, el maestro.


Visitan la primera habitación y ves a un niño, con su boca sangrando y con sus ojos cerrados, te causa una gran impresión y lo primero que haces es pedir auxilio para él pero te voltean a ver con indiferencia hasta el momento en el que se acerca el guía y te dice “ya no podemos detenerlo, lo hemos intentado muchas veces y sólo nosotros quedamos heridos” dice el guía que avanza caminando mientras lo miras con rabia y cuando estás a punto de regresarlo con un buen jalón del brazo te cuenta la forma en la que su padre mato a su madre frente a él y lo amenazó para que no dijera nada, fue tanto su miedo entonces hacia su padre que en el momento en el que lo amenazó el chico decidió morderse la lengua para intentar asegurar su vida. Desde ese momento se ha ido perdiendo él solo en su mente.


Sigues caminando detrás de todos sin querer perderlos lejos de ti, no te imaginabas tener esa reacción en el primer paciente que observaste pero te impactó, te dejó con la sensación de estar en un lugar muy cercano del infierno.


Y llegas al final al segundo paciente, “trastorno de identidad disociativa” dice el diagnóstico. Mientras observas al paciente para realizar algunos apuntes mentales el guía interrumpe súbitamente tus pensamientos, este de aquí mató a su hermana mientras los papás trabajaban, cuando su mente cambió de personalidad le dio tanto terror que intentó devorarla para ocultar el cadáver, cuando los padres llegaron lo encontraron con el cadáver de su hija a la mitad pues en su miedo logró devorar buena parte de ella.
Cuando lo volteas a ver lo observas llorando, te lamentas un poco, quizás sufra mucho y nadie puede entender lo que es regresar y recordar el daño, perote acercas y lo ves alzar la cara mientras sonríe. Sientes un escalofrío recorrer tu espina, esa sonrisa esa falta de compasión. Volteas y de nuevo ves a tu grupo alejándose, corres para alcanzarlos pero un grito te detiene.


Volteas justo frente a una puerta abierta, raro piensas tu, no debería haber puertas abiertas en un lugar como este. Pero oyes los gritos y reconoces que son de un bebé, no puede existir peligro en un bebé quizás por eso estaba abierto, probablemente alguna de las pacientes lo tuvo y lo cuidan mientras se lo llevan, entras y ves la cuna en medio del cuarto, puedes ver un pequeño pie y cuando te inclinas para apreciar mejor te das cuenta lo equivocada que estabas. Un pequeño hombre con la cara de un bebé pero con las manos de un adulto, con vellos en los brazos y piernas incluso algunos salen de su barbilla, lleno de fluidos, saliva orines y excremento son los olores que percibe inmediatamente tu fosa nasal. Lo ves llorando tan fuerte, tan desgarradoramente y tu primer instinto es levantarlo para que deje de llorar pero te da asco verlo embarrado en su propia inmundicia, teniendo los nervios a punto de reventar te espanta una sensación de que algo escurre en tu mejilla, te espabilas para ver qué es y te das cuenta que has estado llorando, ni siquiera lo notaste.


Entra el guía cuando estás a punto de levantarlo y te lo prohíbe, forcejeas con él, hasta que logra someterte y explicarte que no es lo que parece ser, es un sujeto de 23 años con una enfermedad terrible, su mente sólo tiene la madurez de 6 meses al igual que su cuerpo, o al menos la mayor parte de su cuerpo, te indica que es hora de limpiarlo y mientras te haces para atrás ves como lo mojan con una manguera a presión, escuchas los gritos terribles gritos, ellos dicen que no siente pero incluso tu puedes notarlo, notas que sufre, notas que su grito incluso es distinto a los que escuchaste antes, le dices al guardia que se detenga pero no te escucha, el grito del paciente es terrible y decides ayudarlo, en un acto de rabia tomas la manguera con la que le rociaban agua y se la introduces en la boca, sin darle oportunidad de nada el guardia se ahoga antes de lograr oponer resistencia. Sólo ves al “bebé” y decides ayudarlo, lo tomas suavemente y le colocas la manguera en su boca, pronto dejará de sufrir.


Al día siguiente los vecinos leyeron las noticias en el periódico “Joven estudiante de psicología asesina a su pareja después de una visita al hospital psiquiátrico”. Se narraba lo siguiente:

“Joven sin tener conciencia de sí misma introdujo una manguera en la boca del esposo mientras este bañaba al bebé que ambos habían procreado ahogándolo casi instantáneamente, en el momento en el que se disponía a sumergir la cabeza de su hijo de seis meses fue interrumpida por uno de sus compañeros de escuela el cual notó la afectación que tuvo la visita al psiquiátrico en su amiga y la siguió para asegurarse de que estuviera bien. Al observar que había entrado a su casa sin cerrar las puertas tras su ingreso supo que algo pasaba y decidió ayudar, afortunadamente evito que la tragedia fuera mayor al quitarle al pequeño segundos antes de que los sumergiera totalmente en el agua”


Cuando la policía llegó solo descubrieron a una mujer riéndose diciendo que tenía que terminar de devorar el cadáver de su esposo, llena de sangre y lágrimas la joven fue trasladada al hospital psiquiátrico más cercano.


Ese al que no se le alcanza a leer el nombre del fundador.

sábado, 19 de mayo de 2012

Perspectivas




Por Sergio Oropeza



Todas las historias ocurren en ese país donde a la gente se le ha condenado a vivir, un país donde el débil somete al fuerte, donde el miedo de muchos sobrepasa el valor de pocos, un país donde una idea pierde totalmente su valor y puede ser robada. Ese país es de gente cuerda que constriñe a la gente loca. Gente mal llamada loca, de ideas libres y de  pensamiento diferente.

Yo me uní a esta gente no por voluntad propia, un día desperté con la sensación de poder, inimaginable, bendición el levantarte y sentir que tus pies están plantados sobre algo que te sostiene muy fuerte, saber que sólo estás tú y ese poder proviene de ti. Ese poder me llevó a escribir y a plasmar mis ideas en todas y cada una de las formas que podía.

Plasmaba ideas, impregnaba de mi pensamiento a cualquier otro ser que entrara en contacto conmigo, comencé a escribir tantas cosas y las personas comenzaron a seguir, plantaba semillas de la reflexión y de la crítica en las mentes más jóvenes que observaba, me dediqué en cuerpo y alma a transmitir eso que después fue llamado locura. Si es locura el sentir fusionado tu ser a una meta más grande, lo admito, estoy loco y con gusto moriré con la locura que padezco, mientras asegure que otros seguirán con esa locura terriblemente elocuente en donde la lucidez en el pensamiento es el primer y más notable síntoma de la locura

Y vi esa meta, queriendo cambiar todas las cosas que jamás podría aceptar de esta, (¿aquella?) nación. He perdido el sentimiento de pertenencia hacia este país, pero creo en mi mente que puedo darle algo, que debo darle algo, esta capacidad que poseo me crea ese sentimiento de que debo ayudar en lo que pueda, porque siento la responsabilidad innata que conlleva tener un pensamiento libre,  un pensamiento diferente, un pensamiento sumido en la locura.

Pero pierdo poco a poco mi capacidad para hablar con la elocuencia requerida para una misión tan difícil, pierdo mi capacidad para escribir con la pasión necesaria, pero ¿qué me falta? ¿Convicción? No, siento la misma fuerza dentro de mí y el mismo poder de modificar las cosas. Y volteo y observo a un tipo devorando una carne cruda y rancia, centrado sólo en su persona, viviendo su realidad sin saber que alguien lo observa y me pregunto, ¿acaso todo lo que he hecho es en vano? Las personas prefieren aislarse y vivir su realidad independientemente de que tan terrible sea.

¿Cómo despiertas a una sociedad a la cual su enfermedad le ha aletargado todos y cada uno de sus mecanismos de defensa? Ni siquiera terminaba de plantearme la pregunta y encontré la solución. ¿Cómo activar sus mecanismos de defensa? Ya están acostumbrados a todas y cada una de los estímulos probables en su vida, la gente vive así porque lo ha decidido, y decidió ignorar las amenazas a su seguridad inmediata, pero cuando te vuelves una amenaza desconocida, un agente nuevo, peligroso para su seguridad y todo lo que conocen, entonces tienen que moverse y sólo es cuestión de encaminar esa masa irregular y sin pensamiento único. Esa masa torpe, amorfa y descerebrada de gente que ha perdido la individualidad, pero eso lo hace más sencillo, espanta a uno y los demás correrán por reflejo, no sabrán de qué huyen pero lo harán. No dejaré espacios para sus interpretaciones, no dejaré lugar a que la costumbre remplace al miedo, sentirán el miedo y el dolor acercándose a ellos más y más y al final sólo encaminaré a donde deben dirigirlo.

Comenzaré con ese hombre, lleno de manchas en la ropa y su cara ensangrentada, en el piso se ha recostado satisfecho de un festín que se dio encerrado en su mundo, ni siquiera veré que comía pero siento en mis pies esa sensación de pisar algo gelatinoso y eso aumenta mi odio, esa actitud cerrada, esa forma de ver perdida, lo odio porque representa lo que debe quedar atrás, y ahí decido a tomar más de un plan, eliminaré a aquello que pueda volver a enfermar a la sociedad y si no la curo le mostraré que siempre habrá peores terrores, que no debe aletargarse porque es un placer que le dolerá mucho si continua haciéndolo. Llego hasta él y mientras disfruta su bocado lo abordo y termino con su vida poco a poco. ¿Cómo fue? Irrelevante. ¿Le dolió? Irrelevante para él, no para los demás, no para todos aquellos que oyeron sus gritos e inmediatamente se sintieron acechados, ellos a los que encontré y usé para demostrar que el sufrimiento y que los padecimientos estaban más cerca de lo que creen. 

Pero un mal día en el que me encontraba castigando a aquel idiota que creía que su bienestar era más importante que el descanso eterno de sus padres, llegaron a mí aquella gente “cuerda” de pensamiento cerrado y cuadrado que no sabe analizar que la vida no está hecha de trazos directos. Las personas temieron y participaron más en lo que debían, se organizaron y se dieron cuenta la forma en la que adquirían poder al organizarse, al final esa era mi meta y mientras a mi me abordaban a la camioneta que me llevaría a sellar mi destino observe como las personas que se acercaron a ver seguían en su camino al perderme de vista. Observe con tristeza el mínimo cambio logrado.

Es por eso que ahora recurro a ti, ya no como aquel lector que siempre creyó que juntos crearíamos un lugar mejor, recurro a ti ahora como el aliado, como el cómplice que seguirá adelante mostrando las amenazas a una sociedad dormida que no piensa despertar, es hora de que escribas y que hables, que pienses y que atraigas. Es hora de que des el salto conmigo, no sin antes dejar a un aliado atrás, un seguidor dispuesto a seguir con esto, sé que lo harás porque estás loco. Porque cada párrafo te transmitió esencia y sé ahora que sientes en tu interior el poder de hacer las cosas diferentes. Sé que sientes las llamas de la locura hablándote. Síguelas, sigue su consejo, porque hasta este día el mundo ha sido forjado solamente por los cuerdos que palidecen ante la idea de salir, es hora de que les mostremos el mundo a la visión de un genio, la visión de un rey, la visión… de un loco.

jueves, 10 de mayo de 2012

Una última vez


Por: Sergio Oropeza


Estás muerto ¿recuerdas? pereciste en ese accidente propiciado por ti, habías bebido demasiado, los suficiente para saber que podría pasar y pasó. Sentiste un fuerte golpe inicial, tu auto voló por los aires y el segundo golpe fue aún peor pues quedaste presionado entre tu asiento y la carrocería destrozada. No sentías dolor, el alcohol en tu sangre y el shock no te lo permitieron, pero tú lo buscabas, tú anhelabas eso. Anhelabas cerrar los ojos y despedirte de todo por siempre  y así lo hiciste.

Pero jamás imaginaste lo que ocurrió después, en el instante que siguió  estabas ahí parado. Viendo tu cuerpo morado y rígido sobre la plancha de metal. No te explicabas el porqué podías verte, estabas sólo ahí desafiando todas y cada una de las palabras que te enseñaron en tu religión, prácticamente te habías suicidado pero no era el infierno lo que vivías sólo continuaste viendo la vida sin ti. La vida a la que ya no pertenecías pero la cual seguía.

Súbitamente la viste entrar en la fría y oscura habitación donde en medio se localizaba la plancha de metal con tu cuerpo. Estaba hecha trizas, al principio no la reconociste y eso te dolió después, pero la observaste bien y era ella. Era tu madre, tras ese rostro desfigurado por el dolor, tras esos ojos rojos de llanto y esa boca abierta  inhumanamente que te impacto al instante creándote un poco de miedo, pero ¿cómo puedes pedir un rostro humano? Cuando el dolor que siente es algo incomprensible algo que jamás creerías ni entenderías.

Y la observas llorando, y sientes un poco de culpa. Intentas consolarla pero no siente nada, no percibe tu mano apoyándose en su hombro, te extraña y lo sabes. Sólo eran ella y tú y la dejaste sola. Eras la única familia que le quedaba y la dejaste sola. Ahora la ves, el tiempo ha pasado y no te lo explicas pero la ves de nuevo, la observas viéndose frente al espejo, observas su arrugas más marcadas que nunca. Ves el calendario en la pared. Han pasado dos meses desde aquel accidente y sólo sigues ahí no puedes hacer nada, no puedes decir nada, solamente puedes observarla decayendo, marchitándose. Su cuerpo delgado y sus brazos arañados, el dolor insoportable que se le ve en el rostro, el cuerpo demacrado, sabes que no come porque la conoces lo suficiente y notas en su vestimenta que no sale y que sólo está en su cuarto recordando lo que era que estuvieras en su vida.

Avanza el tiempo una vez más y lo primero que haces es buscar el calendario, lo observas y ves ahí algo que te da un escalofrío inmediato. Diez de mayo, sabes que ese día eras tú la luz de su día y siempre tuviste la idea de que ese día no era tan especial, que le demostrarías todo el año lo importante que era para ti, pero no lo hacías, algo siempre se interponía una tarea, una obligación, tu pareja. Sí, aquella persona  que te hizo creer que la vida no valía lo suficiente y ahora que ves a tu madre sola, llorando, aún más demacrada te das cuenta de que si valía toda la vida. 

Ahora lo que darías por felicitarla, por no haber dejado pasar las oportunidades y al menos un solo día más poder abrazarla. En todo el silencio en el que estás inmerso oyes su llanto y de nuevo intentas abrazarla, consolarla pero no te siente, ni siquiera siente tu presencia.

Con terror la observas avanzar y tomar un frasco con píldoras, lo sabes, sabes que su dolor es inmenso y que no puede soportarlo más y ahora por más que lo intentas por más que te esfuerzas en gritarle no te oye, intentas tocarla pero no te siente y con todo tu dolor observas como se toma el frasco de píldoras y su piel pálida se comienza a poner azul a medida que pierde el aire, no está respirando y ves las contracciones en su garganta intentando por instinto respirar pero ella misma y las pastillas que tomó no se lo permiten. Y ahí la ves, tirada sobre su cama, con el rostro azul y la cara llena de lágrimas y en el silencio en el que estás condenado oyes su último respiro y observas por última ocasión como su torso se contrae exhalando el remanente de aire que quedaba en su cuerpo.

Muerta, a tu lado. Tú, sujetando su mano; pero sabes que murió sintiéndose sola y en un profundo dolor que tú causaste. Pero una pequeña esperanza ilumina tu tristeza, quizás esté a tu lado de la misma forma en la que tu apareciste al lado de tu cuerpo, quizás puedas consolarla. Y así es, la ves a tu lado observando desconcertada su cuerpo sin vida pero cuando te colocas frente a ella no te ve, sigue sin verte y sigue estando alejada de ti.

Entonces ocurre, algo se la lleva y ahí sí escuchas su grito de dolor, un grito que te dejará marcado el resto de tu existencia y se la llevan lejos de ti, ahora simplemente sabes que jamás la volverás a ver, una voz en tu interior te lo dice, sabes que se ha ido para siempre y te das cuenta el porqué sólo podías ver las consecuencias de tus decisiones, sólo pudiste observar sin poder hacer nada, pero eso no fue el castigo, el castigo fue quedarte sin la única persona que te amó incondicionalmente y con un verdadero amor eterno desde el primer momento en que te vió. Te das cuenta de eso y lloras, con un dolor que jamás habías sentido y el único pensamiento que atraviesa tu cabeza es haberle podido haber dicho aunque sea una última vez “Feliz día mamá”.

martes, 1 de mayo de 2012

Regalos


Por Sergio Oropeza



Hoy volveré a mandar un lindo regalo, me esfuerzo cada vez más y más porque me encantas desde el día en que te vi quedé locamente enamorado de todo tu ser, de la forma en la que miras al mundo con desilusión a través de ese par de ojos  enrojecidos de llanto, de tu piel pegada a los huesos por la falta de una buena alimentación, de esa imagen obscura y perturbadora que liberas al mundo.

Todo comenzó el día en que sin esperarlo te lanzaste frente a mi auto, sólo por un milagro más allá de nuestra comprensión frené a tiempo sin hacerte ningún daño y tú, con una furia tremenda y los ojos llorosos pero a la vez llenos de odio te lanzaste a la ventanilla a gritarme de cosas mientras yo sólo veía a una mujer de la cual me estaba enamorando.

Me encantó tu silueta delgada, tus ojos apagados de vida, tu caminar encorvado y tu pelo largo y maltratado. Toda esa figura desaliñada pero increíblemente hermosa en la cual yo comencé a refugiar mis esperanzas y deseos más profundos. Eres maravillosa y cuando te ibas tambaleante por algún tipo de efecto de algún alucinante pude notar tus heridas, físicas y sentimentales.

Decidí ayudarte y sin que me vieras comencé a seguirte, intentar entender como era que una maravilla como tú estuviera con heridas tan profundas; heridas no comprensibles y jamás las entendí pero decidí ayudarte.
Comencé enviándote un pequeño regalo que atesoraba mucho, algo tan mío que entregártelo fue un verdadero dolor que estuve dispuesto a soportar por verte feliz, pero, en tu decepción del mundo y en tu frialdad parece que nada puede sorprenderte ya, lo viste cuando abriste la puerta, una pequeña caja de color negro con un listón rosa, yo te observaba desde mi auto y vi como fue que lo abriste e inmediatamente después lo llevaste a la basura y lo tiraste.

Fue un fracaso, lo admito, pero me motivo a esforzarme más pues me di cuenta de que una persona tan espectacular como tú no caería en mis brazos con esos detalles tan insignificantes, esforzarme más era la solución.

Y de nuevo en mi casa esforzándome para saber cual sería mi siguiente regalo, tenía que ser algo que dijera lo que eras para mí, pero sin expresarte que era un compromiso obligatorio el que tenías que adoptar conmigo; encontré la perfección de nuevo y decidí arriesgarme al ir a tu casa y dejar una vez más el obsequio en la puerta, una caja negra de mayor tamaño esta ocasión, toqué el timbre y eché a correr lo más rápido que pude a mi auto, subí apresuradamente me agaché y desde la ventana observe tu silueta salir de tu casa, mirar el regalo, abrirlo y sin previo aviso voltear a donde me encontraba yo. Me observaste y tu mirada atravesó mi ser, tus ojos negros y tristes llegaron hasta mi alma y fue en ese momento donde me di cuenta que era todo, hasta ese punto solamente me era posible llegar. Estaba perdidamente enamorado de ti.

No supe que ocurrió con mi último regalo y me da gusto, espero lo hayas tirado a la basura de nuevo pues no servía, lo sé ahora lo sé y es por eso que estoy aquí con mi adrenalina al máximo y mi corazón latiendo compulsivamente. Lo he notado, quise contenerme pero no puedo eres dueña de mi desde ahora y mis torpes regalos sólo te hicieron dudarlo. Por eso tenías cara de desconcierto, ahora lo veo, tú no entendías porque me limitaba si ya te veías como dueña de mi corazón.

Me equivoqué, en un inicio al regalarte los dedos de mi mano izquierda, como iba yo a rendirte ese tributo que tu mereces con mis inútiles y torpes dedos, también estuvo mal cuando te regalé mi ojo izquierdo, ¿para que necesitaría conservar el otro si podría ver a través de los tuyos? De esos grandes y negros ojos. Por eso esta vez sólo fallaré en entregarte personalmente mi último regalo, pero no te preocupes pues llegará, que de eso ya me he encargado yo. 

Y hago una última caja un poco más grande que las anteriores, la he forrado por dentro para que no se pierda nada de lo que te regalaré. Ahora decidido totalmente comienzo a cortar mis pies, para que tú me guíes a cualquier lado, me corto lo sobrante de mi mano izquierda para que te sirva como tú lo desees pues soy tu sirviente más leal aunque no lo sepas, comienzo a cortar mis labios para que hagas de ellos lo que gustes, esperando en el fondo de mi ser que algún día los beses y les alivies este dolor que sienten ahora, en mi pecho desnudo comienzo a cortar y separar poco a poco la piel para que tengas donde acariciarme cuando necesites sentir un pedazo más grande de mi. Creo que ya está hecho, sólo me hace falta quitarme este ojo, debo trabajar de prisa pues siento las fuerzas abandonarme, disculpa si lo he maltratado un poco, entre el dolor y la prisa no he tenido tiempo para cuidarlo como es debido, pero lo deposito en la caja, es tuyo para que recuerdes que hay alguien que después de verte y conocer tu imagen no necesito más sus ojos porque no podía creer que existiera algo más hermoso que tú. Y es hora del último de mis grandes regalos, el más valioso, es tuyo para que literalmente sepas que eres la dueña de mi corazón y a ti te lo regalaré aunque el dolor sea insoportable ya, haré este esfuerzo final. Y levanto el cuchillo en lo alto, imagino su resplandor plateado reflejarse en mi rostro, lo escucho cortar el aire y percibo esa media luna de plata que se dibuja en el aire al momento de dirigirlo a mi pecho, siento el inmenso dolor en mi carne y el terror de un cálculo mal hecho, el cuchillo se ha quedado atorado en mis costillas.