Por: Sergio Oropeza
Comenzó con una hoja que llegó con el periódico un día,
jamás la había recibido antes, era una sola hoja con los bordes desgastados y
con las marcas de algún tipo de humedad. Las marcas tenían algún tipo de
esencia que inmediatamente me causo repulsión, en el centro de la hoja
alcanzaba a ver apenas unas cuantas figuras y decidí dejarlo para luego
continuar estudiándolo.
Soy profesor de lenguas muertas y tengo mi trabajo en el
museo, no gano mucho pero me alcanza para la vida que deseo leyendo libros sin otros
lujos, los únicos lujos que poseo son aquellos libros que me agrada comprar,
primeras ediciones o tomos considerados “raros” o de conocimientos “prohibidos”
es por eso que cuando llegó el periódico con la hoja adherida no pensé mal,
sólo creí que alguien lo había colocado ahí como un regalo, para que yo pudiera
tenerlo, apreciarlo.
Todo el día recordaba la hoja que llegó a mi casa por la
mañana y me apresuré de regreso sólo para poder de nuevo verla y
analizar un poco mejor de que se trataba, al llegar y abrir la puerta estaba
ahí inmediatamente a la entrada, yo recordaba que la había dejado sobre la mesa
pero creo que alguna corriente de aire la llevó al piso, algo al levantarla se
me hizo un poco extraño, eran más distinguibles aquellas figuras que tenía en el
centro y comenzaba a formar algo parecido a letras, decidí intentar leer algo
pero me fue imposible así que decidí tomar otra lectura mientras cenaba algo y
dejarlo así por la noche. Dejé la hoja apartada en la mesa y cuando terminé de
cenar coloqué el libro sobre la hoja para que no volará de nuevo aunque esa vez
al verla justo antes de ir a dormir, me provocó cierta repugnancia que decidí
dejar a un lado para recostarme.
Al otro día me levante y me sorprendió ver que la hoja
estaba a un lado de mi cama, sin lograr imaginar cómo fue que llegó ahí me sorprendió
al ver que ahora las letras eran más legibles e incluso esta vez logré leer una
línea la cual me hizo sentir un tremendo escalofrío en el momento en el que las
palabras leídas terminaron de fluir por mi mente. Eran latín y sólo decía “El
conocimiento se abre, la vida acaba” por alguna razón fue una frase que me dejó
con un sentimiento de fragilidad todo el día y al salir al trabajo lo hice con
algo de miedo.
Al llegar de nuevo vi la hoja en la entrada y está vez me
impacto aun más, en realidad parecía esperar mi regreso a casa para presentarse
frente a mí, la dejé a un lado sin ni siquiera fijarme si tenía algún cambio y
fui a mi lectura nocturna para disfrutarla mientras cenaba a la vez que alejaba
de mi la idea de que la hoja me siguiera, reí por lo tonta que era la idea y
mientras tomaba el libro tuve una sensación diferente a las anteriores. Sentí
miedo al tocar el libro pues al primer tacto noté que tenía la misma textura
que la hoja que tanto ocupaba mis pensamientos, un poco atemorizado lo abrí y
noté que todo su interior estaba borrado y había sido reemplazado por un tono verdoso
como de humedad y un aroma nauseabundo, lo dejé algo espantado y al caer sobre
la mesa vi de nuevo la hoja, ahí estaba extendida frente a mí al lado de un
libro desgastado y decolorado, un libro que apenas un día atrás estaba como
nuevo y ahora parecía que aquella hoja desgastada habría salido de aquel libro
viejo y decolorado, decidí deshacerme de ella pero al tocarla, no pude evitar
darme cuenta que ahora era más fácil leer el contenido y no pude evitar hacerlo y comencé a leer.
“cuando el conocimiento cae sobre ti, sabrás de aquel que bajó de las estrellas y duerme bajo el manto del mar, busca la liberación, busca despertar, conocimiento infinito obtendrás, pero su precio tendrás que pagar”
“cuando el conocimiento cae sobre ti, sabrás de aquel que bajó de las estrellas y duerme bajo el manto del mar, busca la liberación, busca despertar, conocimiento infinito obtendrás, pero su precio tendrás que pagar”
Más de lo que leí la primera vez y me di cuenta que esta vez
mientras mis ojos avanzaban leyendo las líneas, estás mismas seguían apareciendo
en esa hoja desgastada, en menos de lo que me di cuenta termine de leer la hoja
en su totalidad y mientras mi mente repetía las palabras que recién había
leído, estrellas, inmortal, apertura, mente, sacrificio, mapa, hogar. Hubo dos
palabras que se marcaron tremendamente en mí. Ah pesar de no saber cómo
decirlas se impregnaron en mi y al final consumieron todos mis pensamientos
para quedar ahí ellas dos, Cthulhu, R’lyeh. Se repetían en mi mente una y otra
vez como una vorágine que consumía mis demás pensamientos y en menos de lo que
me había dado cuenta me desmayé.
Recuerdo que soñé con descender a través de un túnel con
unas paredes de tonos verdosos que iluminaban un poco y mientras descendía
observaba unas figuras que se movían en las sombras, no distinguí que eran pero
sabía que no podrían percibirme de alguna forma comencé a saber lo que ocurría,
de alguna forma comencé a adquirir todo el conocimiento y volvieron a retumbar
las palabras en mis recuerdos “el conocimiento se abre, la vida acaba” y
observé esas formas acercarse a mí y pude ver a esos seres que parecían un gusano
alado, pude notar cómo me dirigían, supe que aquellos gusanos eran los que
surgen de sus sueños, los que él crea mientras duerme y estaban a sus ordenes
ayudándole a despertar. Supe que me llevaría ante él, supe que estaba en la
ciudad submarina de R’lyeh y que me llevaban con Cthulhu supe bien que devorar
mi mente le ayudaba a obtener energías para seguir buscando la forma de
despertar, supe que no había más remedio y me dejé llevar.
Al final desperté esta mañana sobre mi cama, con energía
inigualable, al parecer le soy más útil vivo que muerto, sé que ahora soy yo
quien debe de encargarse de un trabajo, me levanto, desayuno, me pongo en
marcha y tomo el libro desgastado, ahora está lleno de hojas iguales a las que
recibí y decido comenzar a repartirlas en secreto, con mis vecinos, en el
trabajo, en la ciudad. Ahora sé..., que me ha elegido para ser su profeta y por eso
me mostró su grandiosidad, ahora sé, debe levantarse y reinar sobre el que ya
fue su dominio y más que nada sé, que nadie logra resistir la tentación de leer
una hoja.
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