domingo, 10 de junio de 2012

La hoja



Por: Sergio Oropeza




Comenzó con una hoja que llegó con el periódico un día, jamás la había recibido antes, era una sola hoja con los bordes desgastados y con las marcas de algún tipo de humedad. Las marcas tenían algún tipo de esencia que inmediatamente me causo repulsión, en el centro de la hoja alcanzaba a ver apenas unas cuantas figuras y decidí dejarlo para luego continuar estudiándolo.


Soy profesor de lenguas muertas y tengo mi trabajo en el museo, no gano mucho pero me alcanza para la vida que deseo leyendo libros sin otros lujos, los únicos lujos que poseo son aquellos libros que me agrada comprar, primeras ediciones o tomos considerados “raros” o de conocimientos “prohibidos” es por eso que cuando llegó el periódico con la hoja adherida no pensé mal, sólo creí que alguien lo había colocado ahí como un regalo, para que yo pudiera tenerlo, apreciarlo.


Todo el día recordaba la hoja que llegó a mi casa por la mañana y me apresuré de regreso sólo para poder de nuevo verla y analizar un poco mejor de que se trataba, al llegar y abrir la puerta estaba ahí inmediatamente a la entrada, yo recordaba que la había dejado sobre la mesa pero creo que alguna corriente de aire la llevó al piso, algo al levantarla se me hizo un poco extraño, eran más distinguibles aquellas figuras que tenía en el centro y comenzaba a formar algo parecido a letras, decidí intentar leer algo pero me fue imposible así que decidí tomar otra lectura mientras cenaba algo y dejarlo así por la noche. Dejé la hoja apartada en la mesa y cuando terminé de cenar coloqué el libro sobre la hoja para que no volará de nuevo aunque esa vez al verla justo antes de ir a dormir, me provocó cierta repugnancia que decidí dejar a un lado para recostarme.


Al otro día me levante y me sorprendió ver que la hoja estaba a un lado de mi cama, sin lograr imaginar cómo fue que llegó ahí me sorprendió al ver que ahora las letras eran más legibles e incluso esta vez logré leer una línea la cual me hizo sentir un tremendo escalofrío en el momento en el que las palabras leídas terminaron de fluir por mi mente. Eran latín y sólo decía “El conocimiento se abre, la vida acaba” por alguna razón fue una frase que me dejó con un sentimiento de fragilidad todo el día y al salir al trabajo lo hice con algo de miedo.


Al llegar de nuevo vi la hoja en la entrada y está vez me impacto aun más, en realidad parecía esperar mi regreso a casa para presentarse frente a mí, la dejé a un lado sin ni siquiera fijarme si tenía algún cambio y fui a mi lectura nocturna para disfrutarla mientras cenaba a la vez que alejaba de mi la idea de que la hoja me siguiera, reí por lo tonta que era la idea y mientras tomaba el libro tuve una sensación diferente a las anteriores. Sentí miedo al tocar el libro pues al primer tacto noté que tenía la misma textura que la hoja que tanto ocupaba mis pensamientos, un poco atemorizado lo abrí y noté que todo su interior estaba borrado y había sido reemplazado por un tono verdoso como de humedad y un aroma nauseabundo, lo dejé algo espantado y al caer sobre la mesa vi de nuevo la hoja, ahí estaba extendida frente a mí al lado de un libro desgastado y decolorado, un libro que apenas un día atrás estaba como nuevo y ahora parecía que aquella hoja desgastada habría salido de aquel libro viejo y decolorado, decidí deshacerme de ella pero al tocarla, no pude evitar darme cuenta que ahora era más fácil leer el contenido y no pude evitar hacerlo y comencé a leer.

 “cuando el conocimiento cae sobre ti, sabrás de aquel que bajó de las estrellas y duerme bajo el manto del mar, busca la liberación, busca despertar, conocimiento infinito obtendrás, pero su precio tendrás que pagar”


Más de lo que leí la primera vez y me di cuenta que esta vez mientras mis ojos avanzaban leyendo las líneas, estás mismas seguían apareciendo en esa hoja desgastada, en menos de lo que me di cuenta termine de leer la hoja en su totalidad y mientras mi mente repetía las palabras que recién había leído, estrellas, inmortal, apertura, mente, sacrificio, mapa, hogar. Hubo dos palabras que se marcaron tremendamente en mí. Ah pesar de no saber cómo decirlas se impregnaron en mi y al final consumieron todos mis pensamientos para quedar ahí ellas dos, Cthulhu, R’lyeh. Se repetían en mi mente una y otra vez como una vorágine que consumía mis demás pensamientos y en menos de lo que me había dado cuenta me desmayé.


Recuerdo que soñé con descender a través de un túnel con unas paredes de tonos verdosos que iluminaban un poco y mientras descendía observaba unas figuras que se movían en las sombras, no distinguí que eran pero sabía que no podrían percibirme de alguna forma comencé a saber lo que ocurría, de alguna forma comencé a adquirir todo el conocimiento y volvieron a retumbar las palabras en mis recuerdos “el conocimiento se abre, la vida acaba” y observé esas formas acercarse a mí y pude ver a esos seres que parecían un gusano alado, pude notar cómo me dirigían, supe que aquellos gusanos eran los que surgen de sus sueños, los que él crea mientras duerme y estaban a sus ordenes ayudándole a despertar. Supe que me llevaría ante él, supe que estaba en la ciudad submarina de R’lyeh y que me llevaban con Cthulhu supe bien que devorar mi mente le ayudaba a obtener energías para seguir buscando la forma de despertar, supe que no había más remedio y me dejé llevar.


Al final desperté esta mañana sobre mi cama, con energía inigualable, al parecer le soy más útil vivo que muerto, sé que ahora soy yo quien debe de encargarse de un trabajo, me levanto, desayuno, me pongo en marcha y tomo el libro desgastado, ahora está lleno de hojas iguales a las que recibí y decido comenzar a repartirlas en secreto, con mis vecinos, en el trabajo, en la ciudad. Ahora sé..., que me ha elegido para ser su profeta y por eso me mostró su grandiosidad, ahora sé, debe levantarse y reinar sobre el que ya fue su dominio y más que nada sé, que nadie logra resistir la tentación de leer una hoja.

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