Cuentan y dicen que hace años, mientras las personas
comenzamos a ser consientes de los alrededores y conquistábamos impunemente los
rincones del mundo, fuerzas ancestrales se apoderaban de pequeños espacios no
explorados, tomaron estos espacios para ser suyos y mediante una antigua
alianza perdonaron al hombre y le permitieron crecer y esparcir su nombre y su
raza por todos los rincones de la tierra. Celosos y vigilantes, observaron
mientras el hombre transformaba su entorno y devoraba la forma y la naturaleza
propia de la vida. Cambiaron su estructura y el hombre jamás notó la sombra
amenazante que se cernía sobre él
Antes, cuando el hombre era sabio y respetaba las fuerzas
superiores, les rendía culto y les temía, pero el hombre pecó de vanidad y en
su afán de conocer el mundo olvidó los verdaderos seres a los que debía temer,
encerró en un lugar los secretos y siguió con su vida.
Así lo hizo y así vive su vida indiferente a los seres que
le observan con envidia, no sabe que lo observan, que lo devoran ojos
envidiosos. En su estructura el hombre guarda esperanza y eso le permite
existir en el mundo; Seres antiguos y más sabios no conocen formas de existir
en este mundo y se han recluido, esperando, aguardando el momento de salir…, el
momento de recuperar lo que por derecho, era suyo.
Esto contaban aquellas personas de edad avanzada mientras
caminaba por el pueblo, de paso lento e inseguro, parecían rezar ciertas palabras al avanzar. Era la
primera feria a la que asistía de este tipo, feria digna de cualquier amante de
la diversión, era la feria de día de muertos, las personas amantes del buen
comer y del placer de la comida se dedicaba a entregarse a los placeres de la
comida, el pueblo, no vale la pena que lo mencione, no existe más y no creo que
alguien en su amor a su vida propia decida visitarlo, si es que me he animado a
contar lo sucedido es porque es mi intención desanimar a cualquiera de visitar
lugares que no deberíamos de frecuentar, está decidido en textos inmemorables
que el hombre no debe viajar por extraños lugares de la tierra.
Era la primera ocasión que la feria se alejaba tanto del
pueblo, nos encontrábamos a unos cuantos kilómetros de lejanía alcanzábamos a
ver las luces prendidas del pueblo y más a la distancia la imponente ciudad levantándose
sobre el horizonte, mis tres amigos y yo sólo queríamos un lugar en donde
descansar después de viajar tanto, llegamos y entregados a las necesidades
básicas decidimos entregarnos a la gula y acudimos a la feria a consumir los
alimentos.
Llena de mascaras y de personajes raros que imitaban a la
muerte y se mofaban de ella, la feria parecía no tener fin y adentrarse más
allá de lo que a simple vista parecía seguro. Decidimos permanecer en un lugar
neutral para estar a salvo y no dejar simplemente de lado, observamos las
costumbres y decidimos formar parte de ellas. Rezamos bebimos y comimos hasta
el momento del espectáculo principal, un mago de calidad principiante que se
dedicaría a realizar un evento en donde nos llevaría a los límites de la vida y
la muerte.
Así fue, poco tiempo pasó antes de quedar devastados ante el
miserable espectáculo ofrecido, realizamos unas cuantas burlas y nos preparábamos
para regresar al pueblo y dormir, fue nuestra sorpresa ver que nos encontrábamos
solos en ese lugar para ese momento y sin llegar a más conclusiones creímos que
debía ser el hecho de que se había hecho tarde mientras disfrutábamos el
espectáculo, al partir lo último que escuchamos decir a aquel que permanecía inmóvil
sobre el escenario fue un par de palabras sin sentido, luego sin más
desapareció.
En nuestro regreso al pueblo no encontramos a nadie, ni en
el camino o en el lugar en el que nos hospedamos, decidimos entrar de cualquier
manera y permanecer ahí, todo fue así hasta que percibimos aquel terrible
hedor. Hedor traído desde las más profundas en innombrables tumbas y fosas
comunes donde cientos de cuerpos olvidados se pudren y se corroen mientras los
ratones roen y consumen sus restos, hedor digno de castigos infernales. Penetró
por los pequeños orificios de la habitación dejándonos incapaces de hacer algo
más que no fueran terribles arcadas. Salimos desesperados de la habitación y al
llegar a la calle nos encontramos con una imagen que jamás hubiéramos imaginado.
Desde el festival provenía una masa gigante amorfa que se arrastraba hacía el
pueblo. Aterrados y sin muchas opciones corrimos hacía los vehículos sin saber
bien si era verdad o mentira las cosas que acabábamos de ver, arrancamos los
coches y -quizás para este momento yo ya había perdido la razón debido a hedor
y a la imagen de aquella masa gigante- nos atascamos con algún objeto, bajamos
del coche y observamos restos de lo que antes había sido un hombre, desfigurado
e incompleto, permanecía bajo la llanta del vehículo. Empujamos el vehículo y
logramos retirarlo. Aterrados, regresamos al auto mientras subía percibí que el
hedor se hacía más fuerte y observé, por unos momentos quedé paralizado con
terrible imagen, pues la masa amorfa vista antes eran en realidad cientos de
cuerpos medio devorados, movidos por alguna fuerza inimaginable estos cuerpos
sostenían y se aferraban al vehículo. Con la desesperación, el terror y el asco
por el hedor decidimos salir e intentar correr, bajamos del vehículos y observé
a dos de mis amigos ser despedazados por cientos de manos que los sostenían y
desgarraban, oía las risas, los llantos y los lamentos de aquellos quienes
momentos antes disfrutaban de la feria, niños, jóvenes y viejos o al menos sus
partes, desgarraban y lanzaban los restos de aquellos quienes en vida fueran
mis compañeros.
Sentí una mano tomarme de los hombros con fuerza, ante el
miedo, el hedor y la horrible imagen que se encontraba frente a mi reaccioné
con violencia y sin fijarme di la vuelta y lancé a quien me tomaba contra
aquella masa amorfa, hedienta y malévola. No supe más y corrí a donde estaban
aquellas luces de la ciudad, a mí salida del pueblo observé a una persona
detenida ahí. Sin más me acercaba para intentar prevenirle, decirle algo que
lograra salvarlo y con sorpresa observé que era aquél triste presentador del espectáculo
de la vida y muerte.
Me miró y dijo “¿te gusta aquella visión de la muerte que te
otorgo?, decidieron ellos retirarse a lugares remotos pero cobran con nuestra
energía de manera constante a veces esa energía les es insuficiente y han de
salir para obtener más, se aprovecharán de cualquiera, de ti, de mi. Este era
su mundo y lo reclamarán”
Seguí corriendo mientras lo observaba, conforme avanzaba y él
quedaba atrás, parecía que aquella masa amorfa, lo elevaba y lo regocijaba
entre todas aquellas pútridas ya extremidades, gritó una vez más “es la muerte,
algún día te alcanzará, ese era el pacto” al escuchar esto último corrí con
todas mis fuerzas y sin notar dónde, me desvanecí.
Desperté al otro día en medio de la nada, con los pies
adoloridos y los músculos cansados, percibía un ligero hedor en mi ropa y sentí
de nuevo el profundo pánico que me atacó antes
Caminé a la ciudad y me recuperé de lo acontecido aquella
noche. Regresé al poco tiempo intentando buscar vestigios de aquellos que me habían acompañado, encontré
solamente un vehículo destrozado y unos cuantos tablones de lo que parecía
haber sido una construcción, o varias.
Ubiqué y seguí el camino a donde se encontraba la feria de
ese día, caminé y encontré los vestigios de aquellos que me habían acompañado,
pertenencias como un reloj, la cámara fotográfica y aquellas pertenencias que
reconocí pero es demasiado grotesco interpretarlas aquí, caminé y encontré algo
que me sorprendió.
En los pequeños rastros que quedaban, existía un anillo, de características
básicas pero reconocibles para mí, era el mismo anillo que tenía aquella mano
que me sujetaba y que recordaba haber lanzado yo a la condenación. Mi
sentimiento de culpa fue sustituido rápidamente por algo más, pues aquel anillo
permanecía sujeto a lo que parecía ser un trozo de tela, sin embargo esa tela
era idéntica a la que vestía. Intenté imaginar cómo era que esto pudiese haber
ocurrido cuando sentí de nuevo una mano, fría, pero llena de una sensación
familiar y de nuevo reconocí el anillo que había visto recién en la tierra.
Era la mano de aquél compañero que buscaba, lo sentía, lo
veía frente a mí, pero yo lo había visto ser despedazado frente a mis ojos,
todo se volvió oscuro, el sol dejó de iluminarme, las sombras se apoderaron de
mi entorno era estar en este mundo y a la vez no. Existía pero no aquí ni en
algún lugar, era la oscuridad, era la parte de este mundo no accesible para los
hombres, era la oscuridad y entonces lo vi.
Seres terribles y gigantes, especie de cánidos deformes
manipulando una masa informe y hedienta llena de menudencias humanas, cavando
colmillos gigantes sobre la misma y desgarrando aquél depósito de carne. Lo desgarraban
y con un extraño movimiento y aún más extraños fonemas acercaban lo que
parecían ser personas completas y sin ningún daño. Estas quedaban a su merced y
eran devoradas y desgarradas frente a mis ojos. Pero estas, comprendí, no eran
personas normales, no eran más personas, pues cada vez que una era desgarrada,
solo veía un ligero vapor elevarse y ser aspirado por estos seres.
Lleno de horror retrocedí y observé a mi amigo ser llevado
ante estos extraños seres, intenté gritar, intente maldecir y todo fue infructífero.
Observé su resignado rostro y lo vi gritar mientras su cuerpo era desgarrado
por los colmillos de estos seres. Intenté avanzar hacia ellos pero algo me
detuvo.
Era el mago de la noche anterior, repitió sus palabras
acerca de la muerte, acerca de mí, de él. Comentó ser solamente un espíritu con
el privilegio de poder cambiar de planos, entre este y el de aquellos que
devoran a los hombres al morir, su función era llevarles comida cuando la
ración natural que les era proporcionada por antiguos acuerdos les era
insuficiente, me tomó la cara y levantó la vista, ahí estaba yo, siendo
devorado y destrozado por aquellos seres monstruosos, mi cuerpo, ahora
inexistente recién había sido alimento de seres inimaginables, era hora de
concluir mi tarea. Con un extraño ademán y pronunciando fonemas lejanos a las cualidades
humanas, me acercaron en contra de mi voluntad a ellos, ahí, siendo dirigid,
frente a ellos; sentí miedo y decidí una última opción, tomé a aquél desafortunado personaje de los
brazos y lo lancé directamente a las fauces de aquellos seres. Mientras lo
devoraban fui capaz de alejarme y corrí de nuevo.
Consciente de mi nueva situación me di cuenta que sólo era
un espíritu errante, todas las creencias previas eran falsas ¿para qué viene el
hombre al mundo? Solamente llegar a morir y ser alimento de seres más grandes
que él, yo no lo fui, no los alimenté, pero estoy perdido, sin cuerpo, a medio
vivir en el mundo nadie me ve ni me percibe; estoy sólo y recuerdo los gritos
el hedor y no pasa noche alguna sin que perciba el terrible aroma y las
palabras indescriptibles de aquellos seres horribles que un día les faltó
alimento y trajeron la masacre desde la oscuridad.
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