viernes, 5 de abril de 2013

La masacre desde la oscuridad

Cuentan y dicen que hace años, mientras las personas comenzamos a ser consientes de los alrededores y conquistábamos impunemente los rincones del mundo, fuerzas ancestrales se apoderaban de pequeños espacios no explorados, tomaron estos espacios para ser suyos y mediante una antigua alianza perdonaron al hombre y le permitieron crecer y esparcir su nombre y su raza por todos los rincones de la tierra. Celosos y vigilantes, observaron mientras el hombre transformaba su entorno y devoraba la forma y la naturaleza propia de la vida. Cambiaron su estructura y el hombre jamás notó la sombra amenazante que se cernía sobre él

Antes, cuando el hombre era sabio y respetaba las fuerzas superiores, les rendía culto y les temía, pero el hombre pecó de vanidad y en su afán de conocer el mundo olvidó los verdaderos seres a los que debía temer, encerró en un lugar los secretos y siguió con su vida.

Así lo hizo y así vive su vida indiferente a los seres que le observan con envidia, no sabe que lo observan, que lo devoran ojos envidiosos. En su estructura el hombre guarda esperanza y eso le permite existir en el mundo; Seres antiguos y más sabios no conocen formas de existir en este mundo y se han recluido, esperando, aguardando el momento de salir…, el momento de recuperar lo que por derecho, era suyo.

Esto contaban aquellas personas de edad avanzada mientras caminaba por el pueblo, de paso lento e inseguro, parecían  rezar ciertas palabras al avanzar. Era la primera feria a la que asistía de este tipo, feria digna de cualquier amante de la diversión, era la feria de día de muertos, las personas amantes del buen comer y del placer de la comida se dedicaba a entregarse a los placeres de la comida, el pueblo, no vale la pena que lo mencione, no existe más y no creo que alguien en su amor a su vida propia decida visitarlo, si es que me he animado a contar lo sucedido es porque es mi intención desanimar a cualquiera de visitar lugares que no deberíamos de frecuentar, está decidido en textos inmemorables que el hombre no debe viajar por extraños lugares de la tierra.

Era la primera ocasión que la feria se alejaba tanto del pueblo, nos encontrábamos a unos cuantos kilómetros de lejanía alcanzábamos a ver las luces prendidas del pueblo y más a la distancia la imponente ciudad levantándose sobre el horizonte, mis tres amigos y yo sólo queríamos un lugar en donde descansar después de viajar tanto, llegamos y entregados a las necesidades básicas decidimos entregarnos a la gula y acudimos a la feria a consumir los alimentos.

Llena de mascaras y de personajes raros que imitaban a la muerte y se mofaban de ella, la feria parecía no tener fin y adentrarse más allá de lo que a simple vista parecía seguro. Decidimos permanecer en un lugar neutral para estar a salvo y no dejar simplemente de lado, observamos las costumbres y decidimos formar parte de ellas. Rezamos bebimos y comimos hasta el momento del espectáculo principal, un mago de calidad principiante que se dedicaría a realizar un evento en donde nos llevaría a los límites de la vida y la muerte.
Así fue, poco tiempo pasó antes de quedar devastados ante el miserable espectáculo ofrecido, realizamos unas cuantas burlas y nos preparábamos para regresar al pueblo y dormir, fue nuestra sorpresa ver que nos encontrábamos solos en ese lugar para ese momento y sin llegar a más conclusiones creímos que debía ser el hecho de que se había hecho tarde mientras disfrutábamos el espectáculo, al partir lo último que escuchamos decir a aquel que permanecía inmóvil sobre el escenario fue un par de palabras sin sentido, luego sin más desapareció.

En nuestro regreso al pueblo no encontramos a nadie, ni en el camino o en el lugar en el que nos hospedamos, decidimos entrar de cualquier manera y permanecer ahí, todo fue así hasta que percibimos aquel terrible hedor. Hedor traído desde las más profundas en innombrables tumbas y fosas comunes donde cientos de cuerpos olvidados se pudren y se corroen mientras los ratones roen y consumen sus restos, hedor digno de castigos infernales. Penetró por los pequeños orificios de la habitación dejándonos incapaces de hacer algo más que no fueran terribles arcadas. Salimos desesperados de la habitación y al llegar a la calle nos encontramos con una imagen que jamás hubiéramos imaginado. Desde el festival provenía una masa gigante amorfa que se arrastraba hacía el pueblo. Aterrados y sin muchas opciones corrimos hacía los vehículos sin saber bien si era verdad o mentira las cosas que acabábamos de ver, arrancamos los coches y -quizás para este momento yo ya había perdido la razón debido a hedor y a la imagen de aquella masa gigante- nos atascamos con algún objeto, bajamos del coche y observamos restos de lo que antes había sido un hombre, desfigurado e incompleto, permanecía bajo la llanta del vehículo. Empujamos el vehículo y logramos retirarlo. Aterrados, regresamos al auto mientras subía percibí que el hedor se hacía más fuerte y observé, por unos momentos quedé paralizado con terrible imagen, pues la masa amorfa vista antes eran en realidad cientos de cuerpos medio devorados, movidos por alguna fuerza inimaginable estos cuerpos sostenían y se aferraban al vehículo. Con la desesperación, el terror y el asco por el hedor decidimos salir e intentar correr, bajamos del vehículos y observé a dos de mis amigos ser despedazados por cientos de manos que los sostenían y desgarraban, oía las risas, los llantos y los lamentos de aquellos quienes momentos antes disfrutaban de la feria, niños, jóvenes y viejos o al menos sus partes, desgarraban y lanzaban los restos de aquellos quienes en vida fueran mis compañeros.

Sentí una mano tomarme de los hombros con fuerza, ante el miedo, el hedor y la horrible imagen que se encontraba frente a mi reaccioné con violencia y sin fijarme di la vuelta y lancé a quien me tomaba contra aquella masa amorfa, hedienta y malévola. No supe más y corrí a donde estaban aquellas luces de la ciudad, a mí salida del pueblo observé a una persona detenida ahí. Sin más me acercaba para intentar prevenirle, decirle algo que lograra salvarlo y con sorpresa observé que era aquél triste presentador del espectáculo de la vida y muerte.

Me miró y dijo “¿te gusta aquella visión de la muerte que te otorgo?, decidieron ellos retirarse a lugares remotos pero cobran con nuestra energía de manera constante a veces esa energía les es insuficiente y han de salir para obtener más, se aprovecharán de cualquiera, de ti, de mi. Este era su mundo y lo reclamarán”
Seguí corriendo mientras lo observaba, conforme avanzaba y él quedaba atrás, parecía que aquella masa amorfa, lo elevaba y lo regocijaba entre todas aquellas pútridas ya extremidades, gritó una vez más “es la muerte, algún día te alcanzará, ese era el pacto” al escuchar esto último corrí con todas mis fuerzas y sin notar dónde, me desvanecí.

Desperté al otro día en medio de la nada, con los pies adoloridos y los músculos cansados, percibía un ligero hedor en mi ropa y sentí de nuevo el profundo pánico que me atacó antes
Caminé a la ciudad y me recuperé de lo acontecido aquella noche. Regresé al poco tiempo intentando buscar vestigios  de aquellos que me habían acompañado, encontré solamente un vehículo destrozado y unos cuantos tablones de lo que parecía haber sido una construcción, o varias.
Ubiqué y seguí el camino a donde se encontraba la feria de ese día, caminé y encontré los vestigios de aquellos que me habían acompañado, pertenencias como un reloj, la cámara fotográfica y aquellas pertenencias que reconocí pero es demasiado grotesco interpretarlas aquí, caminé y encontré algo que me sorprendió.

En los pequeños rastros que quedaban, existía un anillo, de características básicas pero reconocibles para mí, era el mismo anillo que tenía aquella mano que me sujetaba y que recordaba haber lanzado yo a la condenación. Mi sentimiento de culpa fue sustituido rápidamente por algo más, pues aquel anillo permanecía sujeto a lo que parecía ser un trozo de tela, sin embargo esa tela era idéntica a la que vestía. Intenté imaginar cómo era que esto pudiese haber ocurrido cuando sentí de nuevo una mano, fría, pero llena de una sensación familiar y de nuevo reconocí el anillo que había visto recién en la tierra.

Era la mano de aquél compañero que buscaba, lo sentía, lo veía frente a mí, pero yo lo había visto ser despedazado frente a mis ojos, todo se volvió oscuro, el sol dejó de iluminarme, las sombras se apoderaron de mi entorno era estar en este mundo y a la vez no. Existía pero no aquí ni en algún lugar, era la oscuridad, era la parte de este mundo no accesible para los hombres, era la oscuridad y entonces lo vi.

Seres terribles y gigantes, especie de cánidos deformes manipulando una masa informe y hedienta llena de menudencias humanas, cavando colmillos gigantes sobre la misma y desgarrando aquél depósito de carne. Lo desgarraban y con un extraño movimiento y aún más extraños fonemas acercaban lo que parecían ser personas completas y sin ningún daño. Estas quedaban a su merced y eran devoradas y desgarradas frente a mis ojos. Pero estas, comprendí, no eran personas normales, no eran más personas, pues cada vez que una era desgarrada, solo veía un ligero vapor elevarse y ser aspirado por estos seres.

Lleno de horror retrocedí y observé a mi amigo ser llevado ante estos extraños seres, intenté gritar, intente maldecir y todo fue infructífero. Observé su resignado rostro y lo vi gritar mientras su cuerpo era desgarrado por los colmillos de estos seres. Intenté avanzar hacia ellos pero algo me detuvo.

Era el mago de la noche anterior, repitió sus palabras acerca de la muerte, acerca de mí, de él. Comentó ser solamente un espíritu con el privilegio de poder cambiar de planos, entre este y el de aquellos que devoran a los hombres al morir, su función era llevarles comida cuando la ración natural que les era proporcionada por antiguos acuerdos les era insuficiente, me tomó la cara y levantó la vista, ahí estaba yo, siendo devorado y destrozado por aquellos seres monstruosos, mi cuerpo, ahora inexistente recién había sido alimento de seres inimaginables, era hora de concluir mi tarea. Con un extraño ademán y pronunciando fonemas lejanos a las cualidades humanas, me acercaron en contra de mi voluntad a ellos, ahí, siendo dirigid, frente a ellos; sentí miedo y decidí una última opción,  tomé a aquél desafortunado personaje de los brazos y lo lancé directamente a las fauces de aquellos seres. Mientras lo devoraban fui capaz de alejarme y corrí de nuevo.

Consciente de mi nueva situación me di cuenta que sólo era un espíritu errante, todas las creencias previas eran falsas ¿para qué viene el hombre al mundo? Solamente llegar a morir y ser alimento de seres más grandes que él, yo no lo fui, no los alimenté, pero estoy perdido, sin cuerpo, a medio vivir en el mundo nadie me ve ni me percibe; estoy sólo y recuerdo los gritos el hedor y no pasa noche alguna sin que perciba el terrible aroma y las palabras indescriptibles de aquellos seres horribles que un día les faltó alimento y trajeron la masacre desde la oscuridad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario