jueves, 8 de mayo de 2014

Recetarios: I.- Para olvidar al gran amor




Por: Emmanuel Endoqui

Usted debe para olvidar al gran amor, destrozarlo, en literatura, que es donde usted puede ser dueño de un reino, sin temer. En ficción, en imaginación debe descoronarlo. Como aquellas paredes antiguas que se desgarran con el tiempo y dejan caer el óxido, el desgaste que sucede con el paso de los años, usted debe tomar entre sus manos aquel cariño perpetuo que le encomendó, aquella sinceridad que le confesó y deshacerla en trozos, cortarla y colocar a la persona amada en la tabla de picar, amarrada, encerrada. Incapaz de huir y menos aún de dañarlo de regreso; este último paso es vital para el triunfo pues es necesario salir ileso de la receta, es vital correr gritar y proclamar el triunfo, pues las cosas acontecen dentro del reino perpetuo de la mente propia. Pierda o gane locura, recuerde que usted fue aquel que terminó destrozado, recuerde que usted se encuentra dueño de su mente y como tal, puede disponer de ella.

Primero tomará al ser amado sobre la tabla de picar y con eso usted llenará los vacios internos de un amor desgarrado (por la traición, por la rutina), pequeños trozos de ser le resanarán sus heridas hasta que usted pueda  sonreír frente al recuerdo. Aquí haremos una pausa para remembrar esos detalles, esos cambios que auguran a sí mismo un final, un destino inevitable que nos negamos a creer.

Después usted hará una pequeña masa, usando los sobrantes del recuerdo y de las grandes memorias en la que consumirá ese amor proclamado, ese amor que gritó a los vientos y ahora le causa vergüenza y pena reconocer, mientras esto ocurre pensará usted en las diferentes vertientes del destino que lo llevaron a este lugar. Una frase, un gesto y esa pequeña decisión que lo tienen a usted en este instante, preparando, cocinando un adiós. Mientras el antiguo amor grita en sus entrañas, se revuelve y chilla el destino que usted ya le negó.

Usted entonces empanizará el amor entre recuerdos horribles de todo lo que le molestaba y calló, aquellos detalles que dejó pasar y ahora le revuelven las entrañas sabiéndose ajenos a usted. Piense, reflexione y devore sus actos, dese cuenta que aquel amor que le destrozó ahora se cubre del error, de la redención y del rencor olvidado. Empanice sus actos en los aciertos y olvide usted aquello que le causó daño.

Puede usted notar que es dueño de la situación, ha matado ahora ya tres veces aquel amor, entre recuerdos. En recetarios lo ha dejado ir y le ha olvidado. Usted entonces puede avanzar al siguiente paso.

Pruebe usted su error, con la boca, con la mente, con el corazón.  Devórelo y desde cuenta de lo errado que estaba, haciéndose notar lo que sus propias decisiones le han dejado, mírelo, destrozado entre dientes y palabras que ha exclamado, ha gritado y conjurado contra la persona que le ha dado la espalda en símbolo perpetuo de que usted y sólo usted debe hacerse cargo de sus acciones, pues al final, devorando sus recuerdos, desgarrando sus decisiones amorosas donde el error le ha dejado condenado, se puede dar cuenta que al tragar la receta es simplemente hacerse responsable de aquello que le ha dañado. Llore, grita y gima de dolor, pero asuma la responsabilidad de sus actos y si ha de deshacerse del amor, acuérdese que usted contribuyó a la aparición de aquello que le ha dejado inválido, inmóvil en sus recuerdos, una y otra vez revirando.

Tómese un vaso de agua y mire al frente mientras contempla que el mundo continúa sin usted, intégrese, viva y recuerde alegre aquello que fue y que no perdura, pues si algo nos enseña la vida es que la eternidad, sólo existe en un efímero recetario de la vida.

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