Por: Emmanuel Endoqui
Corrígete, léete y perfecciona un estilo, reléete más y perfecciona aún más lo tuyo. Púdrete en la soledad de tus letras que son tus únicas compañeras, quiébrate los dedos escribiendo que es sólo lo que haces, si lo hicieras bien, si tan sólo fueras bueno para algo.
Lastima tus entrañas, concéntrate, deja que el grito enmudecido del interior de tus muñecas te domine, pierde el sentido, recupéralo y pierde la cordura. A cada recuperación pierde de nuevo otra cosa; autoestima, capacidad de amar, inteligencia. Resquebraja tus uñas golpeando con firmeza las desgastadas teclas, míralas desgastarse a cada presión de dedo, piensa en tu mente desgajarse a cada palabra escrita.
Babea, golpéate la cabeza y muérdete los labios, que al final el resultado será el mismo. Llora de impotencia frente al escrito; Ódialo, ódiate y odia a todos, causantes de los problemas, de su existencia, de su no existencia. ¿Que no miras que no existes sin la aprobación de otros? ¿La ingenuidad te hace creer en tu propio talento desbordante, rebosante? ¿O es acaso el hambre quien te lleva, quien te pone avante?
Pero te gritan tus ojos por piedad, tu estómago ruega y se agita, castiga, con mil llamas desde el fondo; Tus labios mohosos, silentes piden atención; Algún gran aliado de tiempos remotos te ha abandonado y ahora ¿quién te dicta qué escribir? Tus calambres, compañeros eternos que han dejado en tu cuerpo un ritmo perpetuo, han comenzado a aliarse en las súplicas de piedad. ¿Qué harás cuando una voz unísona corporal se una contra ti?
Corrígete, léete y perfecciona un estilo, reléete más y perfecciona aún más lo tuyo. Púdrete en la soledad de tus letras que son tus únicas compañeras, quiébrate los dedos escribiendo que es sólo lo que haces, si lo hicieras bien, si tan sólo fueras bueno para algo.
Lastima tus entrañas, concéntrate, deja que el grito enmudecido del interior de tus muñecas te domine, pierde el sentido, recupéralo y pierde la cordura. A cada recuperación pierde de nuevo otra cosa; autoestima, capacidad de amar, inteligencia. Resquebraja tus uñas golpeando con firmeza las desgastadas teclas, míralas desgastarse a cada presión de dedo, piensa en tu mente desgajarse a cada palabra escrita.
Babea, golpéate la cabeza y muérdete los labios, que al final el resultado será el mismo. Llora de impotencia frente al escrito; Ódialo, ódiate y odia a todos, causantes de los problemas, de su existencia, de su no existencia. ¿Que no miras que no existes sin la aprobación de otros? ¿La ingenuidad te hace creer en tu propio talento desbordante, rebosante? ¿O es acaso el hambre quien te lleva, quien te pone avante?
Pero te gritan tus ojos por piedad, tu estómago ruega y se agita, castiga, con mil llamas desde el fondo; Tus labios mohosos, silentes piden atención; Algún gran aliado de tiempos remotos te ha abandonado y ahora ¿quién te dicta qué escribir? Tus calambres, compañeros eternos que han dejado en tu cuerpo un ritmo perpetuo, han comenzado a aliarse en las súplicas de piedad. ¿Qué harás cuando una voz unísona corporal se una contra ti?
Pero tú escribes, la repetición sólo puede hacerte mejor ¿no
es cierto? Y echas de lado todos los gritos dentro de ti, callas las angustias
de tu ser. La visión se evapora por un segundo y las sombras se adueñan de la
periferia de tus ojos. ¡Sostente y no caigas de la silla! Sigue escribiendo,
aférrate a lo que encuentres y hechízate con el magnífico sonido de las fallas (de
tus fallas), mientras caen las tazas que antaño contenían agua, tazones que
algún día olieron bien, casi a comida comestible, y se resquebrajan en el piso,
igual que tus ideas ¿Ves? Eso haría un bien inicio de novela.
Levanta lo que puedas y termina el trabajo, no vayas a
mirarte frente al espejo, no observes el cuerpo enjuto y ajeno, déjalo
pasar y regresa a tu lugar, no importa tu cansancio, ni los gritos de tu
cuerpo, es sólo lo que escribes lo que dejas, y lo que dejas te persigue.
No azotes tu rostro contra el monitor, algo debe mirarse de lo que ya hiciste ¿Por qué no optas por esa pistola? Es más rápida y sin duda será más eficaz. Pégala a tu paladar y siente el duro metal contra él, prueba su sabor y disfruta las sensaciones que te provoca su frialdad. Já, frialdad, como casi cualquiera que te conoció.
Y ahora sí, por último, de nuevo reléete, mira lo que has dejado y no dejes de perseguir lo que anhelas, jala del gatillo mientras tu cuerpo se une en un único grito de piedad, maltrátate y no aciertes el tiro, ahógate en chorros de sangre, escucha a tu garganta gemir, gorgorear. Piensa en las aves que conociste, piensa en la gente que dejaste, piensa en lo bueno del mundo y témele a la muerte. Siente su brazo frío e inclemente tomarte, esfuérzate por decirle que te equivocaste, grítale tu miedo y pide misericordia a Dios,
Mírate, en un charco vil de fluidos, llenos de tus propias excreciones, te llevan, te marchas, da igual. ¿Quién podría recordarte? ¿Quién querría recordarte? Si eres sólo un loco más, un enfermo atormentado por el tiempo.
Y nos quedamos en silencio, ya no hay ruidos y ya no hay tiempo, no sientes el dolor. Te marchas, levanta el andar y piérdete entre tus tinieblas, llévate esto de aquí, quita del paso tus textos, muévete con tus ideas a otra parte ¿Quién podría querer un texto como el mío?
No azotes tu rostro contra el monitor, algo debe mirarse de lo que ya hiciste ¿Por qué no optas por esa pistola? Es más rápida y sin duda será más eficaz. Pégala a tu paladar y siente el duro metal contra él, prueba su sabor y disfruta las sensaciones que te provoca su frialdad. Já, frialdad, como casi cualquiera que te conoció.
Y ahora sí, por último, de nuevo reléete, mira lo que has dejado y no dejes de perseguir lo que anhelas, jala del gatillo mientras tu cuerpo se une en un único grito de piedad, maltrátate y no aciertes el tiro, ahógate en chorros de sangre, escucha a tu garganta gemir, gorgorear. Piensa en las aves que conociste, piensa en la gente que dejaste, piensa en lo bueno del mundo y témele a la muerte. Siente su brazo frío e inclemente tomarte, esfuérzate por decirle que te equivocaste, grítale tu miedo y pide misericordia a Dios,
Mírate, en un charco vil de fluidos, llenos de tus propias excreciones, te llevan, te marchas, da igual. ¿Quién podría recordarte? ¿Quién querría recordarte? Si eres sólo un loco más, un enfermo atormentado por el tiempo.
Y nos quedamos en silencio, ya no hay ruidos y ya no hay tiempo, no sientes el dolor. Te marchas, levanta el andar y piérdete entre tus tinieblas, llévate esto de aquí, quita del paso tus textos, muévete con tus ideas a otra parte ¿Quién podría querer un texto como el mío?
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