sábado, 19 de mayo de 2012

Perspectivas




Por Sergio Oropeza



Todas las historias ocurren en ese país donde a la gente se le ha condenado a vivir, un país donde el débil somete al fuerte, donde el miedo de muchos sobrepasa el valor de pocos, un país donde una idea pierde totalmente su valor y puede ser robada. Ese país es de gente cuerda que constriñe a la gente loca. Gente mal llamada loca, de ideas libres y de  pensamiento diferente.

Yo me uní a esta gente no por voluntad propia, un día desperté con la sensación de poder, inimaginable, bendición el levantarte y sentir que tus pies están plantados sobre algo que te sostiene muy fuerte, saber que sólo estás tú y ese poder proviene de ti. Ese poder me llevó a escribir y a plasmar mis ideas en todas y cada una de las formas que podía.

Plasmaba ideas, impregnaba de mi pensamiento a cualquier otro ser que entrara en contacto conmigo, comencé a escribir tantas cosas y las personas comenzaron a seguir, plantaba semillas de la reflexión y de la crítica en las mentes más jóvenes que observaba, me dediqué en cuerpo y alma a transmitir eso que después fue llamado locura. Si es locura el sentir fusionado tu ser a una meta más grande, lo admito, estoy loco y con gusto moriré con la locura que padezco, mientras asegure que otros seguirán con esa locura terriblemente elocuente en donde la lucidez en el pensamiento es el primer y más notable síntoma de la locura

Y vi esa meta, queriendo cambiar todas las cosas que jamás podría aceptar de esta, (¿aquella?) nación. He perdido el sentimiento de pertenencia hacia este país, pero creo en mi mente que puedo darle algo, que debo darle algo, esta capacidad que poseo me crea ese sentimiento de que debo ayudar en lo que pueda, porque siento la responsabilidad innata que conlleva tener un pensamiento libre,  un pensamiento diferente, un pensamiento sumido en la locura.

Pero pierdo poco a poco mi capacidad para hablar con la elocuencia requerida para una misión tan difícil, pierdo mi capacidad para escribir con la pasión necesaria, pero ¿qué me falta? ¿Convicción? No, siento la misma fuerza dentro de mí y el mismo poder de modificar las cosas. Y volteo y observo a un tipo devorando una carne cruda y rancia, centrado sólo en su persona, viviendo su realidad sin saber que alguien lo observa y me pregunto, ¿acaso todo lo que he hecho es en vano? Las personas prefieren aislarse y vivir su realidad independientemente de que tan terrible sea.

¿Cómo despiertas a una sociedad a la cual su enfermedad le ha aletargado todos y cada uno de sus mecanismos de defensa? Ni siquiera terminaba de plantearme la pregunta y encontré la solución. ¿Cómo activar sus mecanismos de defensa? Ya están acostumbrados a todas y cada una de los estímulos probables en su vida, la gente vive así porque lo ha decidido, y decidió ignorar las amenazas a su seguridad inmediata, pero cuando te vuelves una amenaza desconocida, un agente nuevo, peligroso para su seguridad y todo lo que conocen, entonces tienen que moverse y sólo es cuestión de encaminar esa masa irregular y sin pensamiento único. Esa masa torpe, amorfa y descerebrada de gente que ha perdido la individualidad, pero eso lo hace más sencillo, espanta a uno y los demás correrán por reflejo, no sabrán de qué huyen pero lo harán. No dejaré espacios para sus interpretaciones, no dejaré lugar a que la costumbre remplace al miedo, sentirán el miedo y el dolor acercándose a ellos más y más y al final sólo encaminaré a donde deben dirigirlo.

Comenzaré con ese hombre, lleno de manchas en la ropa y su cara ensangrentada, en el piso se ha recostado satisfecho de un festín que se dio encerrado en su mundo, ni siquiera veré que comía pero siento en mis pies esa sensación de pisar algo gelatinoso y eso aumenta mi odio, esa actitud cerrada, esa forma de ver perdida, lo odio porque representa lo que debe quedar atrás, y ahí decido a tomar más de un plan, eliminaré a aquello que pueda volver a enfermar a la sociedad y si no la curo le mostraré que siempre habrá peores terrores, que no debe aletargarse porque es un placer que le dolerá mucho si continua haciéndolo. Llego hasta él y mientras disfruta su bocado lo abordo y termino con su vida poco a poco. ¿Cómo fue? Irrelevante. ¿Le dolió? Irrelevante para él, no para los demás, no para todos aquellos que oyeron sus gritos e inmediatamente se sintieron acechados, ellos a los que encontré y usé para demostrar que el sufrimiento y que los padecimientos estaban más cerca de lo que creen. 

Pero un mal día en el que me encontraba castigando a aquel idiota que creía que su bienestar era más importante que el descanso eterno de sus padres, llegaron a mí aquella gente “cuerda” de pensamiento cerrado y cuadrado que no sabe analizar que la vida no está hecha de trazos directos. Las personas temieron y participaron más en lo que debían, se organizaron y se dieron cuenta la forma en la que adquirían poder al organizarse, al final esa era mi meta y mientras a mi me abordaban a la camioneta que me llevaría a sellar mi destino observe como las personas que se acercaron a ver seguían en su camino al perderme de vista. Observe con tristeza el mínimo cambio logrado.

Es por eso que ahora recurro a ti, ya no como aquel lector que siempre creyó que juntos crearíamos un lugar mejor, recurro a ti ahora como el aliado, como el cómplice que seguirá adelante mostrando las amenazas a una sociedad dormida que no piensa despertar, es hora de que escribas y que hables, que pienses y que atraigas. Es hora de que des el salto conmigo, no sin antes dejar a un aliado atrás, un seguidor dispuesto a seguir con esto, sé que lo harás porque estás loco. Porque cada párrafo te transmitió esencia y sé ahora que sientes en tu interior el poder de hacer las cosas diferentes. Sé que sientes las llamas de la locura hablándote. Síguelas, sigue su consejo, porque hasta este día el mundo ha sido forjado solamente por los cuerdos que palidecen ante la idea de salir, es hora de que les mostremos el mundo a la visión de un genio, la visión de un rey, la visión… de un loco.

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