Por Sergio Oropeza
Todas las historias ocurren en ese país donde a la gente se
le ha condenado a vivir, un país donde el débil somete al fuerte, donde el
miedo de muchos sobrepasa el valor de pocos, un país donde una idea pierde
totalmente su valor y puede ser robada. Ese país es de gente cuerda que
constriñe a la gente loca. Gente mal llamada loca, de ideas libres y de pensamiento diferente.
Yo me uní a esta gente no por voluntad propia, un día desperté
con la sensación de poder, inimaginable, bendición el levantarte y sentir que
tus pies están plantados sobre algo que te sostiene muy fuerte, saber que sólo
estás tú y ese poder proviene de ti. Ese poder me llevó a escribir y a plasmar mis
ideas en todas y cada una de las formas que podía.
Plasmaba ideas, impregnaba de mi pensamiento a cualquier
otro ser que entrara en contacto conmigo, comencé a escribir tantas cosas y las
personas comenzaron a seguir, plantaba semillas de la reflexión y de la crítica
en las mentes más jóvenes que observaba, me dediqué en cuerpo y alma a
transmitir eso que después fue llamado locura. Si es locura el sentir fusionado
tu ser a una meta más grande, lo admito, estoy loco y con gusto moriré con la
locura que padezco, mientras asegure que otros seguirán con esa locura
terriblemente elocuente en donde la lucidez en el pensamiento es el primer y
más notable síntoma de la locura
Y vi esa meta, queriendo cambiar todas las cosas que jamás
podría aceptar de esta, (¿aquella?) nación. He perdido el sentimiento de pertenencia
hacia este país, pero creo en mi mente que puedo darle algo, que debo darle
algo, esta capacidad que poseo me crea ese
sentimiento de que debo ayudar en lo que pueda, porque siento la responsabilidad
innata que conlleva tener un pensamiento libre,
un pensamiento diferente, un pensamiento sumido en la locura.
Pero pierdo poco a poco mi capacidad para hablar con la
elocuencia requerida para una misión tan difícil, pierdo mi capacidad para
escribir con la pasión necesaria, pero ¿qué me falta? ¿Convicción? No, siento
la misma fuerza dentro de mí y el mismo poder de modificar las cosas. Y volteo
y observo a un tipo devorando una carne cruda y rancia, centrado sólo en su
persona, viviendo su realidad sin saber que alguien lo observa y me pregunto, ¿acaso
todo lo que he hecho es en vano? Las personas prefieren aislarse y vivir su
realidad independientemente de que tan terrible sea.
¿Cómo despiertas a una sociedad a la cual su enfermedad le
ha aletargado todos y cada uno de sus mecanismos de defensa? Ni siquiera
terminaba de plantearme la pregunta y encontré la solución. ¿Cómo activar sus
mecanismos de defensa? Ya están acostumbrados a todas y cada una de los
estímulos probables en su vida, la gente vive así porque lo ha decidido, y
decidió ignorar las amenazas a su seguridad inmediata, pero cuando te vuelves
una amenaza desconocida, un agente nuevo, peligroso para su seguridad y todo lo
que conocen, entonces tienen que moverse y sólo es cuestión de encaminar esa
masa irregular y sin pensamiento único. Esa masa torpe, amorfa y descerebrada
de gente que ha perdido la individualidad, pero eso lo hace más sencillo,
espanta a uno y los demás correrán por reflejo, no sabrán de qué huyen pero lo
harán. No dejaré espacios para sus interpretaciones, no dejaré lugar a que la
costumbre remplace al miedo, sentirán el miedo y el dolor acercándose a ellos
más y más y al final sólo encaminaré a donde deben dirigirlo.
Comenzaré con ese hombre, lleno de manchas en la ropa y su
cara ensangrentada, en el piso se ha recostado satisfecho de un festín que se dio
encerrado en su mundo, ni siquiera veré que comía pero siento en mis pies esa
sensación de pisar algo gelatinoso y eso aumenta mi odio, esa actitud cerrada,
esa forma de ver perdida, lo odio porque representa lo que debe quedar atrás, y
ahí decido a tomar más de un plan, eliminaré a aquello que pueda volver a
enfermar a la sociedad y si no la curo le mostraré que siempre habrá peores
terrores, que no debe aletargarse porque es un placer que le dolerá mucho si
continua haciéndolo. Llego hasta él y mientras disfruta su bocado lo abordo y termino con
su vida poco a poco. ¿Cómo fue? Irrelevante. ¿Le dolió? Irrelevante para él, no
para los demás, no para todos aquellos que oyeron sus gritos e inmediatamente
se sintieron acechados, ellos a los que encontré y usé para demostrar que el
sufrimiento y que los padecimientos estaban más cerca de lo que creen.
Pero un mal día en el que me encontraba castigando a aquel
idiota que creía que su bienestar era más importante que el descanso eterno de
sus padres, llegaron a mí aquella gente “cuerda” de pensamiento cerrado y
cuadrado que no sabe analizar que la vida no está hecha de trazos directos. Las
personas temieron y participaron más en lo que debían, se organizaron y se
dieron cuenta la forma en la que adquirían poder al organizarse, al final esa
era mi meta y mientras a mi me abordaban a la camioneta que me llevaría a
sellar mi destino observe como las personas que se acercaron a ver seguían en
su camino al perderme de vista. Observe con tristeza el mínimo cambio logrado.
Es por eso que ahora recurro a ti, ya no como aquel lector
que siempre creyó que juntos crearíamos un lugar mejor, recurro a ti ahora como
el aliado, como el cómplice que seguirá adelante mostrando las amenazas a una
sociedad dormida que no piensa despertar, es hora de que escribas y que hables,
que pienses y que atraigas. Es hora de que des el salto conmigo, no sin antes
dejar a un aliado atrás, un seguidor dispuesto a seguir con esto, sé que lo harás
porque estás loco. Porque cada párrafo te transmitió esencia y sé ahora que sientes en tu interior el poder de hacer las cosas diferentes. Sé que
sientes las llamas de la locura hablándote. Síguelas, sigue su consejo, porque
hasta este día el mundo ha sido forjado solamente por los cuerdos que palidecen
ante la idea de salir, es hora de que les mostremos el mundo a la visión de un
genio, la visión de un rey, la visión… de un loco.
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