martes, 1 de mayo de 2012

Regalos


Por Sergio Oropeza



Hoy volveré a mandar un lindo regalo, me esfuerzo cada vez más y más porque me encantas desde el día en que te vi quedé locamente enamorado de todo tu ser, de la forma en la que miras al mundo con desilusión a través de ese par de ojos  enrojecidos de llanto, de tu piel pegada a los huesos por la falta de una buena alimentación, de esa imagen obscura y perturbadora que liberas al mundo.

Todo comenzó el día en que sin esperarlo te lanzaste frente a mi auto, sólo por un milagro más allá de nuestra comprensión frené a tiempo sin hacerte ningún daño y tú, con una furia tremenda y los ojos llorosos pero a la vez llenos de odio te lanzaste a la ventanilla a gritarme de cosas mientras yo sólo veía a una mujer de la cual me estaba enamorando.

Me encantó tu silueta delgada, tus ojos apagados de vida, tu caminar encorvado y tu pelo largo y maltratado. Toda esa figura desaliñada pero increíblemente hermosa en la cual yo comencé a refugiar mis esperanzas y deseos más profundos. Eres maravillosa y cuando te ibas tambaleante por algún tipo de efecto de algún alucinante pude notar tus heridas, físicas y sentimentales.

Decidí ayudarte y sin que me vieras comencé a seguirte, intentar entender como era que una maravilla como tú estuviera con heridas tan profundas; heridas no comprensibles y jamás las entendí pero decidí ayudarte.
Comencé enviándote un pequeño regalo que atesoraba mucho, algo tan mío que entregártelo fue un verdadero dolor que estuve dispuesto a soportar por verte feliz, pero, en tu decepción del mundo y en tu frialdad parece que nada puede sorprenderte ya, lo viste cuando abriste la puerta, una pequeña caja de color negro con un listón rosa, yo te observaba desde mi auto y vi como fue que lo abriste e inmediatamente después lo llevaste a la basura y lo tiraste.

Fue un fracaso, lo admito, pero me motivo a esforzarme más pues me di cuenta de que una persona tan espectacular como tú no caería en mis brazos con esos detalles tan insignificantes, esforzarme más era la solución.

Y de nuevo en mi casa esforzándome para saber cual sería mi siguiente regalo, tenía que ser algo que dijera lo que eras para mí, pero sin expresarte que era un compromiso obligatorio el que tenías que adoptar conmigo; encontré la perfección de nuevo y decidí arriesgarme al ir a tu casa y dejar una vez más el obsequio en la puerta, una caja negra de mayor tamaño esta ocasión, toqué el timbre y eché a correr lo más rápido que pude a mi auto, subí apresuradamente me agaché y desde la ventana observe tu silueta salir de tu casa, mirar el regalo, abrirlo y sin previo aviso voltear a donde me encontraba yo. Me observaste y tu mirada atravesó mi ser, tus ojos negros y tristes llegaron hasta mi alma y fue en ese momento donde me di cuenta que era todo, hasta ese punto solamente me era posible llegar. Estaba perdidamente enamorado de ti.

No supe que ocurrió con mi último regalo y me da gusto, espero lo hayas tirado a la basura de nuevo pues no servía, lo sé ahora lo sé y es por eso que estoy aquí con mi adrenalina al máximo y mi corazón latiendo compulsivamente. Lo he notado, quise contenerme pero no puedo eres dueña de mi desde ahora y mis torpes regalos sólo te hicieron dudarlo. Por eso tenías cara de desconcierto, ahora lo veo, tú no entendías porque me limitaba si ya te veías como dueña de mi corazón.

Me equivoqué, en un inicio al regalarte los dedos de mi mano izquierda, como iba yo a rendirte ese tributo que tu mereces con mis inútiles y torpes dedos, también estuvo mal cuando te regalé mi ojo izquierdo, ¿para que necesitaría conservar el otro si podría ver a través de los tuyos? De esos grandes y negros ojos. Por eso esta vez sólo fallaré en entregarte personalmente mi último regalo, pero no te preocupes pues llegará, que de eso ya me he encargado yo. 

Y hago una última caja un poco más grande que las anteriores, la he forrado por dentro para que no se pierda nada de lo que te regalaré. Ahora decidido totalmente comienzo a cortar mis pies, para que tú me guíes a cualquier lado, me corto lo sobrante de mi mano izquierda para que te sirva como tú lo desees pues soy tu sirviente más leal aunque no lo sepas, comienzo a cortar mis labios para que hagas de ellos lo que gustes, esperando en el fondo de mi ser que algún día los beses y les alivies este dolor que sienten ahora, en mi pecho desnudo comienzo a cortar y separar poco a poco la piel para que tengas donde acariciarme cuando necesites sentir un pedazo más grande de mi. Creo que ya está hecho, sólo me hace falta quitarme este ojo, debo trabajar de prisa pues siento las fuerzas abandonarme, disculpa si lo he maltratado un poco, entre el dolor y la prisa no he tenido tiempo para cuidarlo como es debido, pero lo deposito en la caja, es tuyo para que recuerdes que hay alguien que después de verte y conocer tu imagen no necesito más sus ojos porque no podía creer que existiera algo más hermoso que tú. Y es hora del último de mis grandes regalos, el más valioso, es tuyo para que literalmente sepas que eres la dueña de mi corazón y a ti te lo regalaré aunque el dolor sea insoportable ya, haré este esfuerzo final. Y levanto el cuchillo en lo alto, imagino su resplandor plateado reflejarse en mi rostro, lo escucho cortar el aire y percibo esa media luna de plata que se dibuja en el aire al momento de dirigirlo a mi pecho, siento el inmenso dolor en mi carne y el terror de un cálculo mal hecho, el cuchillo se ha quedado atorado en mis costillas.

1 comentario:

  1. Me recordó mucho esto a "mania cardiaca" :) jaja
    Esta muy excelente Serch :)

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