Por Sergio Oropeza
Hoy volveré a mandar un lindo regalo, me esfuerzo cada vez
más y más porque me encantas desde el día en que te vi quedé locamente
enamorado de todo tu ser, de la forma en la que miras al mundo con desilusión a
través de ese par de ojos enrojecidos de
llanto, de tu piel pegada a los huesos por la falta de una buena alimentación,
de esa imagen obscura y perturbadora que liberas al mundo.
Todo comenzó el día en que sin esperarlo te lanzaste frente
a mi auto, sólo por un milagro más allá de nuestra comprensión frené a tiempo
sin hacerte ningún daño y tú, con una furia tremenda y los ojos llorosos pero a
la vez llenos de odio te lanzaste a la ventanilla a gritarme de cosas mientras
yo sólo veía a una mujer de la cual me estaba enamorando.
Me encantó tu silueta delgada, tus ojos apagados de vida, tu
caminar encorvado y tu pelo largo y maltratado. Toda esa figura desaliñada pero
increíblemente hermosa en la cual yo comencé a refugiar mis esperanzas y deseos
más profundos. Eres maravillosa y cuando te ibas tambaleante por algún tipo de
efecto de algún alucinante pude notar tus heridas, físicas y sentimentales.
Decidí ayudarte y sin que me vieras comencé a seguirte,
intentar entender como era que una maravilla como tú estuviera con heridas tan
profundas; heridas no comprensibles y jamás las entendí pero decidí ayudarte.
Comencé enviándote un pequeño regalo que atesoraba mucho,
algo tan mío que entregártelo fue un verdadero dolor que estuve dispuesto a
soportar por verte feliz, pero, en tu decepción del mundo y en tu frialdad
parece que nada puede sorprenderte ya, lo viste cuando abriste la puerta, una
pequeña caja de color negro con un listón rosa, yo te observaba desde mi auto y
vi como fue que lo abriste e inmediatamente después lo llevaste a la basura y
lo tiraste.
Fue un fracaso, lo admito, pero me motivo a esforzarme más
pues me di cuenta de que una persona tan espectacular como tú no caería en mis
brazos con esos detalles tan insignificantes, esforzarme más era la solución.
Y de nuevo en mi casa esforzándome para saber cual sería mi
siguiente regalo, tenía que ser algo que dijera lo que eras para mí, pero sin
expresarte que era un compromiso obligatorio el que tenías que adoptar conmigo;
encontré la perfección de nuevo y decidí arriesgarme al ir a tu casa y dejar
una vez más el obsequio en la puerta, una caja negra de mayor tamaño esta
ocasión, toqué el timbre y eché a correr lo más rápido que pude a mi auto, subí
apresuradamente me agaché y desde la ventana observe tu silueta salir de tu casa,
mirar el regalo, abrirlo y sin previo aviso voltear a donde me encontraba yo.
Me observaste y tu mirada atravesó mi ser, tus ojos negros y tristes llegaron
hasta mi alma y fue en ese momento donde me di cuenta que era todo, hasta ese
punto solamente me era posible llegar. Estaba perdidamente enamorado de ti.
No supe que ocurrió con mi último regalo y me da gusto,
espero lo hayas tirado a la basura de nuevo pues no servía, lo sé ahora lo sé y
es por eso que estoy aquí con mi adrenalina al máximo y mi corazón latiendo
compulsivamente. Lo he notado, quise contenerme pero no puedo eres dueña de mi
desde ahora y mis torpes regalos sólo te hicieron dudarlo. Por eso tenías cara
de desconcierto, ahora lo veo, tú no entendías porque me limitaba si ya te
veías como dueña de mi corazón.
Me equivoqué, en un inicio al regalarte los dedos de mi mano
izquierda, como iba yo a rendirte ese tributo que tu mereces con mis inútiles y
torpes dedos, también estuvo mal cuando te regalé mi ojo izquierdo, ¿para que
necesitaría conservar el otro si podría ver a través de los tuyos? De esos
grandes y negros ojos. Por eso esta vez sólo fallaré en entregarte
personalmente mi último regalo, pero no te preocupes pues llegará, que de eso
ya me he encargado yo.
Y hago una última caja un poco más grande que las
anteriores, la he forrado por dentro para que no se pierda nada de lo que te
regalaré. Ahora decidido totalmente comienzo a cortar mis pies, para que tú me guíes
a cualquier lado, me corto lo sobrante de mi mano izquierda para que te sirva
como tú lo desees pues soy tu sirviente más leal aunque no lo sepas, comienzo a
cortar mis labios para que hagas de ellos lo que gustes, esperando en el fondo
de mi ser que algún día los beses y les alivies este dolor que sienten ahora,
en mi pecho desnudo comienzo a cortar y separar poco a poco la piel para que
tengas donde acariciarme cuando necesites sentir un pedazo más grande de mi.
Creo que ya está hecho, sólo me hace falta quitarme este ojo, debo trabajar de
prisa pues siento las fuerzas abandonarme, disculpa si lo he maltratado un
poco, entre el dolor y la prisa no he tenido tiempo para cuidarlo como es
debido, pero lo deposito en la caja, es tuyo para que recuerdes que hay alguien
que después de verte y conocer tu imagen no necesito más sus ojos porque no
podía creer que existiera algo más hermoso que tú. Y es hora del último de mis
grandes regalos, el más valioso, es tuyo para que literalmente sepas que eres
la dueña de mi corazón y a ti te lo regalaré aunque el dolor sea insoportable
ya, haré este esfuerzo final. Y levanto el cuchillo en lo alto, imagino su
resplandor plateado reflejarse en mi rostro, lo escucho cortar el aire y percibo esa media
luna de plata que se dibuja en el aire al momento de dirigirlo a mi pecho,
siento el inmenso dolor en mi carne y el terror de un cálculo mal hecho, el
cuchillo se ha quedado atorado en mis costillas.
Me recordó mucho esto a "mania cardiaca" :) jaja
ResponderEliminarEsta muy excelente Serch :)