jueves, 10 de mayo de 2012

Una última vez


Por: Sergio Oropeza


Estás muerto ¿recuerdas? pereciste en ese accidente propiciado por ti, habías bebido demasiado, los suficiente para saber que podría pasar y pasó. Sentiste un fuerte golpe inicial, tu auto voló por los aires y el segundo golpe fue aún peor pues quedaste presionado entre tu asiento y la carrocería destrozada. No sentías dolor, el alcohol en tu sangre y el shock no te lo permitieron, pero tú lo buscabas, tú anhelabas eso. Anhelabas cerrar los ojos y despedirte de todo por siempre  y así lo hiciste.

Pero jamás imaginaste lo que ocurrió después, en el instante que siguió  estabas ahí parado. Viendo tu cuerpo morado y rígido sobre la plancha de metal. No te explicabas el porqué podías verte, estabas sólo ahí desafiando todas y cada una de las palabras que te enseñaron en tu religión, prácticamente te habías suicidado pero no era el infierno lo que vivías sólo continuaste viendo la vida sin ti. La vida a la que ya no pertenecías pero la cual seguía.

Súbitamente la viste entrar en la fría y oscura habitación donde en medio se localizaba la plancha de metal con tu cuerpo. Estaba hecha trizas, al principio no la reconociste y eso te dolió después, pero la observaste bien y era ella. Era tu madre, tras ese rostro desfigurado por el dolor, tras esos ojos rojos de llanto y esa boca abierta  inhumanamente que te impacto al instante creándote un poco de miedo, pero ¿cómo puedes pedir un rostro humano? Cuando el dolor que siente es algo incomprensible algo que jamás creerías ni entenderías.

Y la observas llorando, y sientes un poco de culpa. Intentas consolarla pero no siente nada, no percibe tu mano apoyándose en su hombro, te extraña y lo sabes. Sólo eran ella y tú y la dejaste sola. Eras la única familia que le quedaba y la dejaste sola. Ahora la ves, el tiempo ha pasado y no te lo explicas pero la ves de nuevo, la observas viéndose frente al espejo, observas su arrugas más marcadas que nunca. Ves el calendario en la pared. Han pasado dos meses desde aquel accidente y sólo sigues ahí no puedes hacer nada, no puedes decir nada, solamente puedes observarla decayendo, marchitándose. Su cuerpo delgado y sus brazos arañados, el dolor insoportable que se le ve en el rostro, el cuerpo demacrado, sabes que no come porque la conoces lo suficiente y notas en su vestimenta que no sale y que sólo está en su cuarto recordando lo que era que estuvieras en su vida.

Avanza el tiempo una vez más y lo primero que haces es buscar el calendario, lo observas y ves ahí algo que te da un escalofrío inmediato. Diez de mayo, sabes que ese día eras tú la luz de su día y siempre tuviste la idea de que ese día no era tan especial, que le demostrarías todo el año lo importante que era para ti, pero no lo hacías, algo siempre se interponía una tarea, una obligación, tu pareja. Sí, aquella persona  que te hizo creer que la vida no valía lo suficiente y ahora que ves a tu madre sola, llorando, aún más demacrada te das cuenta de que si valía toda la vida. 

Ahora lo que darías por felicitarla, por no haber dejado pasar las oportunidades y al menos un solo día más poder abrazarla. En todo el silencio en el que estás inmerso oyes su llanto y de nuevo intentas abrazarla, consolarla pero no te siente, ni siquiera siente tu presencia.

Con terror la observas avanzar y tomar un frasco con píldoras, lo sabes, sabes que su dolor es inmenso y que no puede soportarlo más y ahora por más que lo intentas por más que te esfuerzas en gritarle no te oye, intentas tocarla pero no te siente y con todo tu dolor observas como se toma el frasco de píldoras y su piel pálida se comienza a poner azul a medida que pierde el aire, no está respirando y ves las contracciones en su garganta intentando por instinto respirar pero ella misma y las pastillas que tomó no se lo permiten. Y ahí la ves, tirada sobre su cama, con el rostro azul y la cara llena de lágrimas y en el silencio en el que estás condenado oyes su último respiro y observas por última ocasión como su torso se contrae exhalando el remanente de aire que quedaba en su cuerpo.

Muerta, a tu lado. Tú, sujetando su mano; pero sabes que murió sintiéndose sola y en un profundo dolor que tú causaste. Pero una pequeña esperanza ilumina tu tristeza, quizás esté a tu lado de la misma forma en la que tu apareciste al lado de tu cuerpo, quizás puedas consolarla. Y así es, la ves a tu lado observando desconcertada su cuerpo sin vida pero cuando te colocas frente a ella no te ve, sigue sin verte y sigue estando alejada de ti.

Entonces ocurre, algo se la lleva y ahí sí escuchas su grito de dolor, un grito que te dejará marcado el resto de tu existencia y se la llevan lejos de ti, ahora simplemente sabes que jamás la volverás a ver, una voz en tu interior te lo dice, sabes que se ha ido para siempre y te das cuenta el porqué sólo podías ver las consecuencias de tus decisiones, sólo pudiste observar sin poder hacer nada, pero eso no fue el castigo, el castigo fue quedarte sin la única persona que te amó incondicionalmente y con un verdadero amor eterno desde el primer momento en que te vió. Te das cuenta de eso y lloras, con un dolor que jamás habías sentido y el único pensamiento que atraviesa tu cabeza es haberle podido haber dicho aunque sea una última vez “Feliz día mamá”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario