sábado, 24 de marzo de 2012

Miles de miradas

Por. Sergio Oropeza


En el lugar en el que me sentía más seguro es donde menos estoy seguro, siempre alguien me vigila, tengo la espalda llena de miradas que solo piensan en querer saber que es lo que haré al iniciar el día, al finalizarlo. A todas horas siento miles de miradas que solo buscan reflejarse en mí y todo el tiempo siento como se acercan a mí para adueñarse de algo que no es suyo.

No logro evitar esa sensación de ser observado, tengo que hacer algo, tengo que dejar a un lado todo esto y decidirme a enfrentar esas miles de miradas, tengo que defender lo que me corresponde. Mi ser no debe ni podrá ser apresado.

Y lo intento pero cuando los voy a enfrentar se pierden en la sensación del olvido y me preocupo por otras cosas a la vez que mi cerebro deja marchar las miradas, el acoso. Y me preocupo por cosas menores como el alimento o las siguientes actividades en esta vida de relajamiento casi total que tengo.

Y en la noche cuando creí que todo había quedado atrás las comienzo a percibir cada vez más y más cerca, solamente sé que me observan y vigilan cada movimiento en mi vida, pero el valor para enfrentarlas se ha ido con los rayos del sol y en la oscuridad de la noche no me atrevo si quiera a abrir los ojos porque tengo tanto miedo de poder ver.

¿Por qué tengo tanto miedo de ver? Porque  lo he logrado por un instante en las sombras de la noche y con los sentidos agudizados por toda la adrenalina generada en mi miedo, logré alzar mi percepción y los vi. Todos esos seres que se acercaban a mí y me querían devorar y consumir. Eran idénticos a ese ser que se aparece todas las mañanas con cara de espanto y cuando intento capturarlo, se escapa y solo me queda un vago recuerdo de lo que era. Pero eran tan similares que me da miedo. Pensar que esa alucinación matutina quizás sea algo más y ahora que estoy aquí y la noche sigue avanzando no quiero que sea mañana porque de nuevo lo veré ahí de frente juzgándome.

Y por fin amanece y prefiero ni siquiera pararme cerca de donde ese ser aparece y se burla con sus dientes amarillos y roídos de mi, prefiero evitar a toda costa ver su rostro y decido salir a conseguir mi comida, un día más, una vez más salir y al sentir la luz chocar con mis ojos el destello me hace caer. Ya estoy muy débil y ya no tengo más para dar.

Es entonces cuando giro mi cabeza y observo a ese ser burlón reflejado en el pequeño charco de agua, siempre observándome con sus dientes amarillos, su cara huesuda y su mirada burlona pero esta vez es diferente porque se aleja al mismo tiempo que yo. ¿Por qué está asustado?

No lo supe pero no me quedé a averiguarlo, corro de regreso a mi casa y al entrar puedo sentir que algo es diferente, y al voltear de manera instintiva lo observo de nuevo parado ahí riéndose de mí, maldito ya no lo tolero, pero ahorita con la luz de mi lado lo enfrentaré, tengo que actuar.

Y así lo hago me acerco decididamente y le lanzo cosas pero no deja de reírse y cuando estoy lo suficientemente cerca para golpearlo con mi puño,  logro apreciar cómo se rompe en miles de pedazos mientras mi mano sangra.

Y siento el pánico entrar de nuevo en mi cuerpo, puesto que ha desaparecido, era la imagen más terrible de mi día, pero le daba rostro a eso que me vigila todo el tiempo y ahora no sé ni siquiera que tipo de reacción veré en ellos, cuáles serán sus rostros. Y siento de nuevo sus miradas, siento de nuevo miles y miles de miradas sobre mi esperando mi reacción, esperando una reacción, no puedo fallar aunque sé que inminentemente pasará, así que solo me siento en el piso, acerco mis rodillas a mis brazos y me escondo, de todos los ojos, de toda la humanidad. No es fácil ser el último hombre vivo sobre la Tierra.

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