En el lugar en el que me sentía más seguro es donde menos estoy seguro, siempre alguien me vigila, tengo la espalda llena de miradas que solo piensan en querer saber que es lo que haré al iniciar el día, al finalizarlo. A todas horas siento miles de miradas que solo buscan reflejarse en mí y todo el tiempo siento como se acercan a mí para adueñarse de algo que no es suyo.
No logro evitar esa sensación de ser observado, tengo que
hacer algo, tengo que dejar a un lado todo esto y decidirme a enfrentar esas
miles de miradas, tengo que defender lo que me corresponde. Mi ser no debe ni podrá
ser apresado.
Y lo intento pero cuando los voy a enfrentar se pierden en
la sensación del olvido y me preocupo por otras cosas a la vez que mi cerebro
deja marchar las miradas, el acoso. Y me preocupo por cosas menores como el
alimento o las siguientes actividades en esta vida de relajamiento casi total
que tengo.
Y en la noche cuando creí que todo había quedado atrás las
comienzo a percibir cada vez más y más cerca, solamente sé que me observan y
vigilan cada movimiento en mi vida, pero el valor para enfrentarlas se ha ido
con los rayos del sol y en la oscuridad de la noche no me atrevo si quiera a
abrir los ojos porque tengo tanto miedo de poder ver.
¿Por qué tengo tanto miedo de ver? Porque lo he logrado por un instante en las sombras
de la noche y con los sentidos agudizados por toda la adrenalina generada en mi
miedo, logré alzar mi percepción y los vi. Todos esos seres que se acercaban a mí
y me querían devorar y consumir. Eran idénticos a ese ser que se aparece todas
las mañanas con cara de espanto y cuando intento capturarlo, se escapa y solo
me queda un vago recuerdo de lo que era. Pero eran tan similares que me da
miedo. Pensar que esa alucinación matutina quizás sea algo más y ahora que
estoy aquí y la noche sigue avanzando no quiero que sea mañana porque de nuevo
lo veré ahí de frente juzgándome.
Y por fin amanece y prefiero ni siquiera pararme cerca de
donde ese ser aparece y se burla con sus dientes amarillos y roídos de mi,
prefiero evitar a toda costa ver su rostro y decido salir a conseguir mi
comida, un día más, una vez más salir y al sentir la luz chocar con mis ojos el
destello me hace caer. Ya estoy muy débil y ya no tengo más para dar.
Es entonces cuando giro mi cabeza y observo a ese ser burlón
reflejado en el pequeño charco de agua, siempre observándome con sus dientes
amarillos, su cara huesuda y su mirada burlona pero esta vez es diferente
porque se aleja al mismo tiempo que yo. ¿Por qué está asustado?
No lo supe pero no me quedé a averiguarlo, corro de regreso
a mi casa y al entrar puedo sentir que algo es diferente, y al voltear de
manera instintiva lo observo de nuevo parado ahí riéndose de mí, maldito ya no
lo tolero, pero ahorita con la luz de mi lado lo enfrentaré, tengo que actuar.
Y así lo hago me acerco decididamente y le lanzo cosas pero
no deja de reírse y cuando estoy lo suficientemente cerca para golpearlo con mi
puño, logro apreciar cómo se rompe en
miles de pedazos mientras mi mano sangra.
Y siento el pánico entrar de nuevo en mi cuerpo, puesto que
ha desaparecido, era la imagen más terrible de mi día, pero le daba rostro a
eso que me vigila todo el tiempo y ahora no sé ni siquiera que tipo de reacción
veré en ellos, cuáles serán sus rostros. Y siento de nuevo sus miradas, siento
de nuevo miles y miles de miradas sobre mi esperando mi reacción, esperando una
reacción, no puedo fallar aunque sé que inminentemente pasará, así que solo me
siento en el piso, acerco mis rodillas a mis brazos y me escondo, de todos los ojos,
de toda la humanidad. No es fácil ser el último hombre vivo sobre la Tierra.
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