viernes, 2 de marzo de 2012

Vejez



Por: Sergio Oropeza



Hoy de nuevo estoy solo, de nuevo me he alejado de todas las cosas que pasan a mí alrededor, esta vez, en casa, he decidido tomarme ese espacio al que la gente le teme. Observarme frente al espejo y ver que no estoy tan mal como creen. Todo empieza con una introspección y todo llega al punto donde en algún momento te enfrentas a ti mismo.

Eso haré hoy, ese es mi plan, me levanto de la cama y comienzo a caminar hacia las habitaciones vacías de mi casa, me rehúso siquiera a voltear, ¿para qué? No hay nadie, estoy solo. Y sigo con mi camino, sigo hasta las escaleras donde incluso he llegado a caer. En algún momento de la vida mi coordinación se ha visto afectada, entre otras cosas. La vejez va acabando poco a poco conmigo y cada vez es más difícil encontrar algo que me haga sentir vivo de nuevo.
 
Y llego a la cocina, tan pulcra, tan inevitablemente limpia. En realidad me sorprende, logro mantener todo en un buen orden, para ser tan viejo y estar tan solo. El desayuno he comenzado a preparar y la cocina se impregna de todos esos olores que te dejan con la sensación de estar vivo. La calma, la tranquilidad, el hecho de poder otorgarme espacio  para mí. 

Y continuo con el ritual, en ciertos momentos de la vida lo cíclico te llena, lo monótono te satisface. Y continuo así mi mañana  observando la vida pasar a mi lado. El orgullo, nunca he visto la vida pasar por encima de mi, nunca le he pasado a la vida por encima, sólo he vivido, tomado paralelamente mi existencia y he avanzado al son de un ritmo inequívoco y solo audible para mi.
 
Y me relajo en el sofá de mi sala, me acuesto y comienzo a meditar acerca de mis decisiones próximas, ¿cual será mi comida?, ¿cual será la película que observe esta tarde? ¿Quienes serán mis herederos? ¿En qué cementerio compraré un espacio para morir? Y lo recuerdo y no puedo evitar pensarlo, ¿Quién iría a mi funeral?, ¿Quién lloraría por mi? Y entonces de nuevo cambia mi día.

Intento mantenerme lejos de esos pensamientos pero regresan a mi cada vez con más frecuencia y siempre que regresan se llevan un poco más de mi vida, siempre me alejan más y más  del mundo real y comienza a cerrarse mi espacio entre las sombras.
 
Y me absorben las sombras, comienzan a consumirme poco a poco y comienzo a sentir la vida dejándome atrás. ¡No! Jamás, la vida me lleva a su lado, no me abandonará, y me aferro a mi mismo y me niego a caer. Pero no lo logro, no he logrado evitarlo y caigo al piso a la vez que me golpeo con una mesa.
Y caigo al piso, derramando sangre y siento nauseas, tengo ganas de vomitar. No logro contenerlo y vomito sobre mi propio rostro fomentando un pequeño ahogamiento. No me puedo mover, no logro girar sobre mi mismo. La caída me ha dejado herido y estoy demasiado doblado para recuperarme por mi cuenta.

 Y regresa el dolor en el pecho, ¡maldito dolor!, ¡malditas pastillas! ¿Dónde están? Bah aunque lo supiera me es imposible alcanzarlas. Pero esas estúpidas sombras, cada vez están más cerca de mi cada vez me hacen sentirme más y más viejo, más cansado, más olvidado, más vacío.

 Y al final ¿a qué me enfrento? A la muerte, no a eso no. A la soledad, no tampoco, al final me enfrento al olvido. Sé que mi vida en el mundo no dejó marca notable, no tengo hijos, no tuve esposa, mi familia ha muerto, no hice nada remarcable. Fui un solitario empedernido que quedará abandonado, en la sala de su casa, muriendo solo, olvidado.

 Y así fue. Pasaron semanas antes de que algún vecino notara el hediondo olor proveniente de esa casa, pasaron algunos días más para que llamaran a la policía. Y cuando llegaron se encontraron un triste espectáculo.

 Un viejo muerto de un infarto, mirada desencajada, con la cabeza destrozada por un fuerte impacto, lleno de vomito y la cadera rota a consecuencia de una caída, en estado avanzado de putrefacción.  Y lo más triste era el mensaje completo que enviaba esa triste escena. Olvido

 ¿Qué hizo para acabar así? ¿En qué momento ganó ese final? En ningún momento, solo vivió como mejor pudo, pero al final del día, al final de su vida. La vida le dio la espalda

5 comentarios:

  1. Que imaginación tienes serch! Me hizo pensar en lo qe charlamos en la escuela y tambn me acorde de algo que escribi en mi blog. "el hombre de ningun lado" Busca la entrada haber qe te parece.

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  2. Gracias Lili, los buscaré y te comento, lo que te dije, era aparte de esto pero si te lo reforzó pues que mejor

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  3. Me latió :) Creo que esta equilibrado, da miedo pero un miedo real y no tan fumado como tus otros cuentos.

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  4. gracias Gabs, la verdad es que a mí se me hizo medio escueto pero ya compensaré ;)

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