Por: Sergio Oropeza
Hoy de nuevo estoy solo, de nuevo me he alejado de todas las
cosas que pasan a mí alrededor, esta vez, en casa, he decidido tomarme ese
espacio al que la gente le teme. Observarme frente al espejo y ver que no estoy
tan mal como creen. Todo empieza con una introspección y todo llega al punto
donde en algún momento te enfrentas a ti mismo.
Eso haré hoy, ese es mi plan, me levanto de la cama y
comienzo a caminar hacia las habitaciones vacías de mi casa, me rehúso siquiera
a voltear, ¿para qué? No hay nadie, estoy solo. Y sigo con mi camino, sigo
hasta las escaleras donde incluso he llegado a caer. En algún momento de la
vida mi coordinación se ha visto afectada, entre otras cosas. La vejez va
acabando poco a poco conmigo y cada vez es más difícil encontrar algo que me
haga sentir vivo de nuevo.
Y llego a la cocina, tan pulcra, tan inevitablemente limpia.
En realidad me sorprende, logro mantener todo en un buen orden, para ser tan
viejo y estar tan solo. El desayuno he comenzado a preparar y la cocina se
impregna de todos esos olores que te dejan con la sensación de estar vivo. La
calma, la tranquilidad, el hecho de poder otorgarme espacio para mí.
Y continuo con el ritual, en ciertos momentos de la vida lo
cíclico te llena, lo monótono te satisface. Y continuo así mi mañana observando la vida pasar a mi lado. El
orgullo, nunca he visto la vida pasar por encima de mi, nunca le he pasado a la
vida por encima, sólo he vivido, tomado paralelamente mi existencia y he
avanzado al son de un ritmo inequívoco y solo audible para mi.
Y me relajo en el sofá de mi sala, me acuesto y comienzo a
meditar acerca de mis decisiones próximas, ¿cual será mi comida?, ¿cual será la
película que observe esta tarde? ¿Quienes serán mis herederos? ¿En qué
cementerio compraré un espacio para morir? Y lo recuerdo y no puedo evitar
pensarlo, ¿Quién iría a mi funeral?, ¿Quién lloraría por mi? Y entonces de
nuevo cambia mi día.
Intento mantenerme lejos de esos pensamientos pero regresan
a mi cada vez con más frecuencia y siempre que regresan se llevan un poco más de
mi vida, siempre me alejan más y más del
mundo real y comienza a cerrarse mi espacio entre las sombras.
Y me absorben las sombras, comienzan a consumirme poco a
poco y comienzo a sentir la vida dejándome atrás. ¡No! Jamás, la vida me lleva
a su lado, no me abandonará, y me aferro a mi mismo y me niego a caer. Pero no
lo logro, no he logrado evitarlo y caigo al piso a la vez que me golpeo con una
mesa.
Y caigo al piso, derramando sangre y siento nauseas, tengo
ganas de vomitar. No logro contenerlo y vomito sobre mi propio rostro
fomentando un pequeño ahogamiento. No me puedo mover, no logro girar sobre mi
mismo. La caída me ha dejado herido y estoy demasiado doblado para recuperarme
por mi cuenta.
Y regresa el dolor en el pecho, ¡maldito dolor!, ¡malditas
pastillas! ¿Dónde están? Bah aunque lo supiera me es imposible alcanzarlas.
Pero esas estúpidas sombras, cada vez están más cerca de mi cada vez me hacen
sentirme más y más viejo, más cansado, más olvidado, más vacío.
Y al final ¿a qué me enfrento? A la muerte, no a eso no. A
la soledad, no tampoco, al final me enfrento al olvido. Sé que mi vida en el
mundo no dejó marca notable, no tengo hijos, no tuve esposa, mi familia ha
muerto, no hice nada remarcable. Fui un solitario empedernido que quedará
abandonado, en la sala de su casa, muriendo solo, olvidado.
Y así fue. Pasaron semanas antes de que algún vecino notara
el hediondo olor proveniente de esa casa, pasaron algunos días más para que
llamaran a la policía. Y cuando llegaron se encontraron un triste espectáculo.
Un viejo muerto de un infarto, mirada desencajada, con la
cabeza destrozada por un fuerte impacto, lleno de vomito y la cadera rota a
consecuencia de una caída, en estado avanzado de putrefacción. Y lo más triste era el mensaje completo que
enviaba esa triste escena. Olvido
¿Qué hizo para acabar así? ¿En qué momento ganó ese final?
En ningún momento, solo vivió como mejor pudo, pero al final del día, al final
de su vida. La vida le dio la espalda
Que imaginación tienes serch! Me hizo pensar en lo qe charlamos en la escuela y tambn me acorde de algo que escribi en mi blog. "el hombre de ningun lado" Busca la entrada haber qe te parece.
ResponderEliminarGracias Lili, los buscaré y te comento, lo que te dije, era aparte de esto pero si te lo reforzó pues que mejor
ResponderEliminarMe latió :) Creo que esta equilibrado, da miedo pero un miedo real y no tan fumado como tus otros cuentos.
ResponderEliminargracias Gabs, la verdad es que a mí se me hizo medio escueto pero ya compensaré ;)
ResponderEliminarSo cool, Partner.
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